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Caso Lucas Cabello: postergaron por segunda vez el inicio del juicio por gatillo fácil


Tras la postergación de febrero, el Tribunal Oral en lo Criminal N° 1 volvió a cancelar el inicio del juicio que estaba pautado para este jueves 11 de abril. 




Por Colectivo de Medios Populares*
El Tribunal Oral en lo Criminal N° 1 volvió a postergar el inicio del juicio por gatillo fácil contra el efectivo de la ex Policía Metropolitana, Ricardo Ayala, quien se encuentra acusado de haber disparado contra el joven vecino del barrio de La Boca, Lucas Cabello. El 9 de noviembre del 2015, Lucas fue atacado por Ayala en la puerta de su casa, frente a su compañera y su hija de 2 años. El brutal accionar del uniformado, que disparó tres veces a quemarropa, le dejó heridas gravísimas a Lucas quien se recupera en silla de ruedas.
El juicio tenia como fecha de inicio el 12 de febrero y, días antes de comenzar, fue postergado para el 11 de abril. Sin embargo, desde el tribunal y apenas 48 horas antes de la primera audiencia, volvieron a cancelar su inicio. Todavía se espera que se defina una nueva fecha para el comienzo. "La Justicia no tiene en cuenta a las víctimas, ni la angustia, la expectativa que genera un juicio para lograr reparación", sostuvo Carolina Vila, madres de Lucas, en diálogo con el Colectivo de Medios Populares.
El juicio contra Ayala es el resultado de una lucha que fue sostenida en primera instancia por Lucas, su madre Carolina Vila, su familia, junto el gran apoyo de las organizaciones del barrio que se movilizaron, una y otra vez, motorizando la causa. Como dice el propio Lucas: "Yo le gané a la muerte, soy el hijo de todas esas madres que perdieron a sus hijos y por todos esos pibes voy a seguir luchando”.
*FM Riachuelo/FM La Caterva/La Retaguardia/Agencia Paco Urondo/Sur Capitalino/Radio Gráfica/Radio Presente
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La Tablada | Crónica del juicio -día 17- Nadie fue

El defensor oficial Hernán Silva pidió la absolución del militar Alfredo Arrillaga, único acusado en el primer juicio por los desaparecidos de La Tablada. Previendo un rechazo de este punto, dijo que no se sabía cómo había muerto José Díaz. Anticipándose a una condena, terminó pidiendo que no se le otorgara la cárcel común en el caso de ser condenado. El veredicto será el viernes 12 de abril. El Diario del Juicio transmitirá en vivo.




“Sin embargo, no juzgar y no condenar el crimen sería fomentar la impunidad y convertirse, de algún modo, en su cómplice. Es de curiosa observación que los militares, que abolieron el Código Civil y prefirieron el secuestro, la tortura y la ejecución clandestina al ejercicio público de la ley, quieran acogerse ahora a los beneficios de esa antigualla y busquen buenos defensores. No menos admirable es que haya abogados que, desinteresadamente sin duda, se dediquen a resguardar de todo peligro a sus negadores de ayer”.

Así cierra el texto Lunes 22 de julio de 1985. Lo escribió Jorge Luis Borges después de haber asistido a la audiencia del histórico Juicio a las Juntas. Presenció la declaración de Víctor Basterra, que duró 6 horas y fue una de las más significativas, porque luego abriría la chance de juzgar a los genocidas de la ESMA con contundencia a través de las fotos que el testigo rescató del infierno. Durante ese juicio regía a pleno la teoría de los dos demonios. Tanto que la sentencia intentó no dejar bien parado al testigo, confundiendo el trabajo forzado que debieron realizar quienes sobrevivieron, con una colaboración que nunca fue. La historia se encargó luego de poner las cosas en su lugar: los genocidas siguen siendo condenados, sobre todo por el aporte de los y las sobrevivientes, que ahora tienen el reconocimiento que se merecen.
Algo similar viene ocurriendo con los hechos de La Tablada. La justicia, apenas meses después de los hechos ocurridos en enero de 1989, más que aplicar la teoría de los dos demonios, se empecinó en que hubiera uno solo: los y las militantes del Movimiento Todos por la Patria (MTP). Quienes sobrevivieron sufrieron durísimas condenas y pasaron entre 8 y 14 años presos. De juzgar a los militares, ni hablar, hasta ahora; aun cuando se denunciaron las torturas y desapariciones desde el primer momento. Sin embargo, 30 años después, este juicio -del que solo queda conocer el veredicto el 12 de abril- parece haber llegado para torcer esa historia de injusticia e impunidad.
El lunes pasado, el defensor oficial de Alfredo Arrillaga, Hernán Silva, alegó intentando quitarle de encima las responsabilidades al único imputado, que ya tiene 5 condenas por delitos de lesa humanidad ocurridas en Mar del Plata durante el genocidio. Lo primero que hizo fue lo mismo que hacen todos sus colegas: pedir la prescripción de los delitos. Es decir, que ya pasó el tiempo legal para juzgarlo. Seguramente, la lectura del veredicto comenzará con el rechazo de este y otros planteos de la defensa. Luego vendría la condena.
Silva lo presentó a Arrillaga como a un general democrático. Lo trajó otra vez al entonces presidente Raúl Alfonsín -ya lo había hecho Arrillaga en su indagatoria de hace algunas semanas-, esta vez para decir que fue un presidente de izquierda (“aunque no de la izquierda revolucionaria”, aclaró por si hiciera falta) y que como tal no hubiera aceptado que sucedieran las cosas que sucedieron.
Vestido con traje gris, adelantando siempre sus manos a sus palabras con gestos ampulosos, Silva utilizó buena parte de su tiempo para negar la evidente complicidad judicial que surgió en este juicio: “que alguien me explique por qué no lo sobreseyeron totalmente a Arrillaga para hacerlo pasible de la cosa juzgada”. Habría que preguntarle a Larrambebere, pero la impunidad puede ser una respuesta posible; es decir, que se pensara que este juicio no iba a llegar nunca. También dijo, aunque sea claramente comprobable lo contrario, que Arrillaga fue siempre el único imputado. En realidad, el militar Jorge Eduardo Varando no está en este juicio solo porque falleció, ya que también estaba imputado.
Mientras tomaba Coca Cola sin azúcar permanentemente desde la botellita de plástico, o eventualmente jugando con un breve jopo que cae sobre su frente, el abogado pidió la absolución de Arrillaga basado en que “no sabemos ni cuándo ni cómo ni dónde murió Díaz. Podríamos pensar, por ejemplo, que murió por el balazo que recibió en la cabeza”. Si bien está comprobado que Díaz tenía una herida en su cabeza y que uno de los colimbas desertores le dio su camisa para que se vendara, luego puede verse a Díaz, en fotos y videos, caminar e incluso responder a la orden de arrodillarse mientras le apuntaban con un fusil. Silva reconoció el “derecho de los familiares a saber la verdad”, aun cuando consideró que su defendido no puede ser condenado en esta causa.
“No queda otra alternativa para proteger el derecho de la defensa de Arrillaga que su absolución”, dijo varias veces.

El testigo estrella

"Si les parece monocorde mi tono, me piden y hacemos un cuarto intermedio", se excusó en un par de segmentos ante el tribunal. Salvo una interrupción al mediodía, más por el almuerzo que por el tono monocorde, los jueces Mancini, Rodríguez Eggers y De Korvez permitieron la continuidad de la intevención del defensor. Aunque esta vez cambiaron sus ubicaciones, que habían mantenido hasta aquí durante todo el juicio.
En un par de pasajes de su discurso, Silva se refirió a José Alberto Almada. Lo apodó "el testigo estrella". Almada es uno de los militares que rompió el pacto de silencio, y que relató que vio cómo se llevaban a Diaz y a Ruiz en un Ford Falcon blanco, Más que rebautizándolo, no aportó ninguna razón subjetiva u objetiva por la que desechar su testimonio. Solo un endeble: "es el único que declara eso". En el caso del otro testigo clave, el exmilitar César Ariel Quiroga, que desarmó la trama de complicidad judicial. ni lo nombró. Como ya explicamos líneas arriba, sí puso mucho más énfasis en rechazar la teoría de que la justicia encubrió tanto las desapariciones como las ejecuciones sumarias.

El odio visceral y el acta

En cuanto al pedido de la querella para que se lo condene y que cumpla su pena en cárcel común y efectiva, Silva dijo que “Argentina suscribió el 31 de julio de 2017 la Convención Interamericana sobre la protección de los derechos humanos de las personas mayores, que entre los principios que tiene son la protección y la defensa de la persona mayor. Incluso el artículo 4 dice que deben atenderse alternativas a la cárcel para personas mayores, y el justiciable (así llamó varias veces al genocida) supera en 20 años la edad de la que habla la convención”. Sin embargo, en casos de lesa humanidad, la justicia ha negado ese beneficio, que puede ser otorgado pero no constituye una obligación para los jueces darlo. Sobre todo porque se han demostrado las redes de inteligencia que todavía tienen a su favor (recordar a Jorge Julio López), o por el peligro de fuga. Ni hablar del incumplimiento permanente de las domicialiarias. En ese momento apareció nuevamente el apasionamiento. “¡Solo puede entenderse que se pida la cárcel común para Arrillaga en un odio visceral que el tribunal no puede admitir”, sostuvo el defensor oficial. En el tiempo de las réplicas, Ernesto Lombardi, abogado del equipo de Pablo Llonto, dijo que se sentían agraviados, y que harían una presentación en ese sentido, por lo que el defensor pidió luego disculpas y admitió que se quitara de las actas del juicio ese momento de efervescencia mayúscula.
Silva se mostró durante el juicio, o más bien fuera del debate, en los intermedios, siempre amable. Incluso aclaró varias veces, para que lo escucharan los familiares y sobrevivientes, que “el fervor que le pongo a esta defensa es el mismo que pongo en todos los casos. No es nada personal”. No parece ser el de Arrillaga un caso más. Es una persona que representando al Estado cometió los peores delitos. En dictadura y, como quedó claro en este juicio, también en democracia. En uno de esos intercambios, lo invitamos a leer el texto de Borges con el que comienza esta nota. Varios días después nos avisó que lo había leído, pero que seguía considerando que Arrillaga tenía derecho a la defensa. Es cierto, lo tiene, como todos los genocidas; pero los defensores oficiales pueden excusarse. Casi ninguno lo hace. En general, demuestran en los juicios un fervor especial, y en muchos casos hacen defensas ideológica más que técnicas.
“No menos admirable es que haya abogados que, desinteresadamente sin duda, se dediquen a resguardar de todo peligro a sus negadores de ayer”, dijo, con su fina acidez, Borges, un poco menos de izquierda que Alfonsín. No podríamos escribirlo mejor que él.

*Este diario del juicio por los desaparecidos de La Tablada es una herramienta de difusión llevada adelante por integrantes de La Retaguardia, FM La Caterva y Agencia Paco Urondo, con la finalidad de difundir esta instancia de justicia que tanto ha costado conseguir. Agradecemos todo tipo de difusión y reenvío, de modo totalmente libre, citando la fuente. Seguimos diariamente en http://desaparecidosdelatablada.blogspot.com
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Rafael Klejzer: "Hoy la economía popular está de pie y organizada"

Hoy en #MeGustasTú dialogamos con Rafael Klejzer, secretario general de CTEP-Capital, sobre la marcha que encabeza la CGT; la Economía Popular y el rol de los medios alternativos, comunitarios y populares: "Hubo un sector del progresismo más berretón que quiso ensuciarnos pero que hoy está a nuestros pies" declaró y agregó que hoy, ese sector históricamente olvidado que son los trabajadores y trabajadoras de la economía popular, están de pié y organizados. 





(Foto por Matías Sastre para FM La Caterva)


#MeGustasTú se emite de lunes a jueves de 9 a 10 de la mañana por FM La Caterva 97.3. La radio popular de Barracas. 
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La Tablada | Crónica del juicio -día 16- Porque ya es hora


La querella y la fiscalía coincidieron en pedir prisión perpetua para el exgeneral Alfredo Arrillaga, como autor mediato de homicidio con alevosía en el caso de José Alejandro Díaz, en el marco del primer juicio por la represión contra los y las militantes del MTP, tras el intento de toma del RIM 3 de La Tablada en 1989. La querella fue mucho más allá que el fiscal, lo consideró coautor del hecho y pidió además cárcel común y una serie de “reparaciones”, entre las que resaltó el pedido para que el Estado financie la realización de un audiovisual que desande el camino cultural que llevó a la demonización de quienes en realidad sufrieron “un crimen de Estado dentro del estado de derecho”.




Tras las intervenciones de Pablo Llonto y Liliana Mazea, parte del equipo de abogados/as que actuaron en este juicio, fue el turno de Ernesto “Coco” Lombardi. La larga lista de "38 afirmaciones, hechos totalmente acreditados" que presentó Lombardi comenzó con la acción inicial: un grupo del Movimiento Todos por la Patria ingresó a La Tablada con la convicción de impedir nuevos alzamientos militares. Indicó que "entre esos militantes ingresó Jose Alejandro Díaz, de 29 años". Ante cada afirmación, el abogado querellante repasaba qué testimonios habían sido fundamentales para llegar a las conclusiones; en este caso, quienes lo habían visto en el cuartel o podían asegurar que allí estuvo: los entonces Daniel Salas, Daniel Humberto Valenti y Alejandro Gentile; el militar José Almada; los sobrevivientes Miguel Ángel Aguirre, Sergio Manuel Paz, Carlos Néstor Rodríguez, Joaquín Ramos, Roberto Felicetti, Carlos Motto y José Moreyra; y los periodistas Pablo Waisberg y Felipe Celesia, entre otros.

Luego fue el turno de un dato clave que permitiría identificar a Díaz en las fotos y filmaciones que se conservan de aquel 23 de.enero de 1989: "fue herido en la cabeza, por lo que tenía una vincha que le cubría la herida". Así se lo ve saliendo por una ventana de la guardia de prevención después del feroz ataque contra el edificio. "Se realizó un cerco que la sometió a un fuego desproporcionado", definió Lombardi. Junto con él, en la guardia, se encontraban otros 10 militantes del MTP, 3 soldados y 3 desertores. "Desde un primer momento las fuerzas de Arrillga supieron que había conscriptos y desertores allí. La orden era no dejar a ningún militante del MTP con vida", indicó la décima placa presentada por Lombardi. Previamente había explicado que el 23 de enero de 1989, aproximadamente a las 7:50, Arrillaga fue designado como Comandante de la recuperación.

El plan criminal fue expuesto en la propia acción: "las personas dentro de la guardia, impedidos a salir por las balas, se encontraban condenados a morir en su interior por el fuego". En tanto que "algunos fortuitamente lograron hacer ceder un barrote y escaparon, no corrieron la misma suerte los heridos, quienes murieron allí calcinados".

Este juicio oral y público permitió demostrar los pasos finales de la tragedia vivida por José Díaz e Iván Ruíz: "los soldados y desertores que logran escapar de la guardia se identifican con Naselli (primer uniformado con el que entran en contacto) y señalan como atacantes a Ivan y José". Allí es cuando "Naselli ordena detener a Díaz y Ruiz, y el sargento Stegman los lleva con Varando".

"Ivan y José son sometidos a interrogatorio bajo tortura en los fondos del cuartel, por Varando, entre otros", y luego "son trasladados al puesto de comando de Arrillaga, donde son torturados y sacados del cuartel dentro de un Ford Falcon blanco". Esa fue la última vez que se los vio con vida. "Díaz y Ruiz fueron asesinados y sus cuerpos posteriormente desaparecidos", afirmó Lombardi, que también consideró probadas por los testimonios las desapariciones de Samojedny y Provenzano, lo que seguramente derivará en nuevas causas que lleguen a instancia oral y pública más adelante.

Parte del silencio que cayó sobre esta causa se debió a las operaciones orquestadas para ocultar la verdad. "Arrillaga desde el mismísimo 24 de enero de 1989 generó una amplia operación de encubrimiento", explicó la querella. El exgeneral "alteró las circunstancias de la muerte de Esquivel creando una falsa coartada", que cayó durante el juicio cuando el ambulanciero César Ariel Quiroga admitió que había sido obligado a mentir 30 años atrás, en el juzgado de Morón a cargo de Gerardo Larrambebere y con el joven secretario Alberto Nisman tomando las declaraciones falsas.
El viernes pasado, en el segundo día de alegato de la querella tras un cuarto intermedio, Lombardi ocupó otras dos horas para terminar su intervención pidiendo prisión perpetua para Arrillaga.
Parte importante de esa etapa final la ocupó el pedido de cárcel común, ya que el genocida, que fue condenado en cinco causas en Mar del Plata (en tres tiene perpetua), goza del beneficio de la prisión domiciliaria. "Démosle una oportunidad para que pueda arrepentirse. Mandémoslo a un lugar con todo lo que él requiera para tratarse si en algún momento tiene un problema, pero que también tenga la oportunidad de arrepentirse. Porque a esta edad, cuando realmente tenga tiempo de pensar y darse cuenta de que la sociedad lo ha condenado y mandado tras las rejas, tiene la oportunidad de decir: 'y bueno... si total, esta medalla no es una medalla, es algo realmente muy triste, les voy a decir a las víctimas dónde escondí el cuerpo'", sugirió en su fundamentación.
En cuanto al pedido de condena sin que esté el cuerpo de la víctima, en este caso Díaz, Lombardi citó jurisprudencia en causas por crímenes de lesa humanidad ocurridas durante el genocidio, en las que se arribó a condenas habiéndose considerado que estaban probados los asesinatos, aun cuando los cuerpos estuvieran desaparecidos. Muchas de esas sentencias ya se encuentran reafirmadas por la Corte Suprema de Justicia de la Nación.



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Lombardi recordó algunas de las situaciones que se vivieron en el juicio, que dan cuenta del muy buen estado de salud del imputado. "Arrillaga tiene autonomía, tiene autovalidez, tiene excelente respuesta al strees, y tiene atención y concentración. A veces usa un bastón, cosa razonable. En un momento determinado de su indagatoria, las personas que lo acompañaban, para seguir construyendo esa imagen de vulnerabilidad, le acercan el bastón, como que se están dando cuenta de que es una persona en sus plenas capacidades. Él tenía en una mano el micrófono y en la otra el puntero. Y les dijo: `No tengo 3 manos'. Se fue con el bastón la persona que se lo quiso dar. Permaneció casi una hora parado explicándonos. Cuando quiso se paró, cuando quiso le sentó, tiene una perfecta autonomía. Ese día, después de sus dos horas de hablar, más las cinco horas nuestras, todos estábamos agotados. Yo confieso que lo estaba. El único que no estaba agotado era Arrillaga. El único que no pidió un cuarto intermedio desde el 10 de diciembre para ir al baño como lo hemos pedido todos, es Arrillaga. Tiene una capacidad y una fortaleza impresionante y envidiable".
El cierre fue con cita a María Elena Walsh y su Oración a la justicia, al tiempo que en la pantalla se veía no solo la foto de José Díaz, sino también las de Pancho Provenzano, El Sordo Samojedny e Iván Ruiz.

“Señora de ojos vendados
que estás en los tribunales
sin ver a los abogados,
baja de tus pedestales.
Quítate la venda y mira
cuánta mentira.
Señora de ojos vendados,
con la espada y la balanza
a los justos humillados
no les robes la esperanza.
Dales la razón y llora
porque ya es hora”



Durante esta parte final del alegato de la querella, Arrillaga le clavó su mirada a Lombardi varias veces. Se debe haber mordido la lengua para no decir algo en algún pasaje. Justo él, que alguna vez supo ser un Dios eficiente, y que está a punto de cargarse una nueva condena, por ahora más social que efectiva. Queda en las manos de Matías Mancini, Esteban Rodríguez Eggers y Alejandro de Korvez, integrantes del TOFC 4 de San Martín, resolver este juicio: pueden hacer la más fácil y condenar una vez más al multicondenado; o pueden estar a la altura de un juicio histórico y aportar su parte, enviando al exdios a su casa natural: la cárcel común.

*Este diario del juicio por los desaparecidos de La Tablada es una herramienta de difusión llevada adelante por integrantes de La Retaguardia, FM La Caterva y Agencia Paco Urondo, con la finalidad de difundir esta instancia de justicia que tanto ha costado conseguir. Agradecemos todo tipo de difusión y reenvío, de modo totalmente libre, citando la fuente. Seguimos diariamente en http://desaparecidosdelatablada.blogspot.com
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La Tablada | Según la SIDE, José Maradona Díaz fue abatido




En un alegato está reunido todo lo que pasó en un juicio. Si se trata del primer juicio por los desaparecidos de La Tablada eso no es poca cosa. Entonces no sorprende que el alegato haya durado tantas horas y que no se llegara al final. Aquí un informe de la primera parte, que fue realizada por Pablo Llonto y Liliana Mazea, una de las abogadas históricas de esta causa. Llonto se refirió a documentos de la SIDE que avalan los asesinatos y las desapariciones. Mañana miércoles será un día de doble alegato, porque terminará la querella y realizará el suyo la fiscalía. El Diario del Juicio realizará una transmisión radial.

Liliana Mazea fuma a cuatro manos. No hay cuarto intermedio en la que no se la vea detrás del humo. Durante todo el debate estuvo tomando notas y comparando lo que se escuchaba con declaraciones anteriores, metiendo la mano cada tanto en una bolsa con bizcochitos. Puede adivinarse la ansiedad de 30 años en esta abogada militante que fue una de las que estuvo acompañando a los y las militantes de La Tablada desde el primer momento, cuando no era fácil estar.
Mazea habló una media hora. Utilizó su tiempo para responder (y refutar) diversos pedidos de la defensa, como los ya clásicos pedidos genocidas de nulidades y prescripciones que los diferentes tribunales terminan rechazando en la sentencia. Sobre el cierre, su voz se entrecortó. La emoción se apoderó de su cuerpo encorvado hacia el micrófono de la sala. “Querría, atento a la edad mía, pasarles a mis queridos colegas la bandera que enarbolaron las víctimas desde hace tanto tiempo pidiendo justicia. Y agradezco mucho a ellos que sigan entonces pidiendo justicia… Perdón —se interrumpió tomando aire para poder seguir—. Quisiera entonces acompañarlos con este verso de Pablo Neruda, que es muy largo pero que dice: ‘Por estos muertos, nuestros muertos, pido castigo. Muchas gracias”. El muchas gracias casi no se oyó, inundado en lágrimas.




Se la dejó difícil a Ernesto Coco Lombardi, un abogado recibido después que su hija Susana, que siempre está sentada a su lado. Lombardi era intendente de Moreno cuando ocurrieron los hechos de La Tablada. Hoy es parte del equipo de Pablo Llonto que lleva adelante querellas en causas de lesa humanidad y en otras de violaciones a los derechos humanos, como esta. “Primero, señores jueces, permítanme, creo que en nombre de todos los abogados de esta querella, especialmente en nombre de mi hija y mío, vamos a tomar esa bandera, la vamos a enarbolar bien alto, y no dejaremos nunca de militar por la humanidad y por el respeto de los derechos humanos, haciendo de la historia de esta causa, que es la que acaba de hablar, también, una bandera de lucha, de sacrificio, ad honorem, por todos aquellos injustamente humillados. Gracias… La tomamos”. Pocos momentos en el juicio tendrán tanto valor simbólico y emotivo como ese pase de bandera en una causa de camino tan sinuoso como ha sido el de la justicia para los y las militantes que sufrieron en La Tablada las peores formas del terror implacable del Estado.




Los documentos de la SIDE



Si el alegato actúa como ordenador de las pruebas, por lo tanto es difícil que entregue novedades, esta vez fue la excepción. Casi al final de la jornada, Pablo Llonto sorprendió al hacer mención a un documento de la AFI (Agencia Federal de Informaciones, por aquel entonces SIDE) sobre La Tablada. Esos documentos reservados fueron pedidos durante el debate. Hace algunas semanas, el presidente del tribunal, Matías Mancini, anunció que habían llegado las carpetas y que quedaban a disposición de las partes. Allí saltó la novedad. Después de saludar que la AFI entregue información sobre crímenes políticos, fue al detalle. “Con el valor A1 (fuente completamente confiable y confirmada por otras fuentes) y PPM (por propios medios, no por los medios de comunicación), está el nombre de José Maradona Díaz y al lado tiene un número 2. Ese número 2 quiere decir: abatido. O sea que ya lo sabían a través de la SIDE, a los pocos días. Luego dice que hubo 27 abatidos y 4 NN, que no sabemos a quiénes se refieren. Más tarde, el 2 de febrero de 1989, colocan entre los abatidos a Francisco Provenzano”. Esa fue la gran novedad de la jornada.



Antes de Mazea, durante 25 minutos, Llonto realizó la primera parte del alegato. Ante la mirada atenta de Carmen Lareu (la madre de Claudia, que murió en La Tablada) y de Nora Cortiñas, comenzó abriendo un trípode especial desde donde partir. "Las tres vías que nos enseñaron las madres, algunas de ellas aquí presentes, fueron: Memoria, Verdad y Justicia. Con esas tres vías venimos a este alegato. Esas tres consignas no son solo para recordar en estos días especiales de marzo, sino que son consignas para aplicar. Pedimos que se apliquen porque creemos en la Vía Argentina que ha recorrido gran parte de las sentencias en el resto del mundo también, para intentar pelear por ese Nunca Más, y que no vuelvan a ocurrir esas graves violaciones a los derechos humanos en la Argentina y en el mundo". Situó claramente el comienzo de la búsqueda de justicia en el mismo día de los hechos. “En el caso de La Tablada, aquellas tres consignas se empezaron a aplicar el 23 de enero de 1989. Desde aquel día se empezaron a denunciar las violaciones a los derechos humanos. Las primeras denuncias fueron realizadas a las pocas horas. El 24 continuó, y también los días posteriores", sostuvo el abogado, que se afirmó en que las denuncias iniciales están probadas tanto por los documentos que recientemente recibió el tribunal por parte de la AFI, como en el libro que publicaron Pablo Waisberg y Felipe Celesia, La Tablada A vencer o morir, que es prueba en la causa. "Se hicieron esas denuncias vía Uruguay, por comunicados, publicaciones periodísticas, a través de las primeras denuncias de los pocos sobrevivientes. Tiempo después se hicieron en la justicia con sus propias declaraciones. Ha sido un recorrido de años. Ese camino de 30 años hoy inicia un camino central con este alegato y esperamos que tenga sentencia condenatoria contra el exgeneral Arrillaga”, vaticinó.
Llonto remarcó que a este juicio se llega por la lucha "primero de los sobrevivientes, después de las víctimas y luego por las abogadas y abogados que dieron pelea desde el primer momento y sobre todo en aquellos momentos que fueron difíciles. No había abogadas y abogados que quisieran hacerse cargo de la defensa de los militantes del MTP. No fue sencillo en aquel momento", remarcó en línea con Mazzea, a quien nombró junto a Martha Fernández, Eduardo Barcesat, Eduardo Fachal, Raúl Schnabel, Eduardo Salerno y Tilda Albani, "que estuvieron antes que nosotros en una tarea que ahora vamos a culminar en una primera etapa porque venimos solo por José Díaz, pero hay otras víctimas y otros familiares que esperan también justicia”, dijo en referencia a los otros tres desaparecidos: Iván Ruiz, Carlos Samojedny y Francisco Provenzano.



El contexto de los alzamientos



Llonto le pidió al Tribunal que se situara en diciembre de 1988 para intentar comprender los hechos. "Cuando ocurren los levantamientos militares, hay que recordar a un personaje como Seineldín, que hoy fue nombrado por Arrilaga. Cuando Seineldín llega a la Argentina desde Panamá, clandestino, para producir los levantamientos militares, no venía solo para eso, venía para reivindicar las torturas, las desapariciones y las eliminaciones con los destinos finales de los militantes políticos que ellos habían asesinado y desparecido durante la dictadura; es decir, venía a reivindicar la metodología que luego aplicaría Arrillaga y otros más con José Díaz y otros militantes políticos en La Tablada". Esa línea a veces no tan visible entre dictadura genocida/democracia desaparecedora, quedó una vez más en evidencia durante este juicio. Llonto remarcó que el Regimiento de La Tablada fue uno de los que se levantó junto a Seineldín y que desde allí el hijo del dictador Jorge Rafael Videla reivindicó la metodología del "destino final", el tremendo eufemismo que no pudo ocultar las desapariciones forzadas. "El grado de impunidad que los militares tenían en diciembre del '88 es el mismo que van a tener en enero del '89. No se puede explicar uno sin el otro".



"Matalos, matalos a esos zurdos"



Llonto destacó algo que pudo observarse en varias audiencia del juicio en un video que mostraba el recorrido de Iván Ruiz y José Díaz, ya rendidos, y conducidos por el oficial Stegman a punta de fusil a través de un descampado, conducidos, quizá, hacia su “destino final”. Mientras eso sucedía, reiteradamente se escuchaban gritos: "Matalos, matalos a esos zurdos", repitió dos veces el abogado, levantando la voz. "Esa es la ignorancia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el no respeto del derecho a la vida de dos personas que ya se habían entregado y rendido, entre los que estaba José Díaz, y el grito de esas fuerzas militares y policiales, que en vez de recordar el derecho a la vida, se expresaban con el mismo grado de impunidad que reivindicó Seineldín y todos los que se levantaron en 1988 y que hoy Arrillaga dijo, en lugar de condenar a Seineldín: ‘no, yo tomé café con él’, porque para él era una cuestión mínima, tanto que vino en su indagatoria a decir que él había disparado pero no para terminar con el levantamiento militar, sino simplemente un disparo de advertencia, porque claro, entre militares que hemos cometido graves violaciones a los derechos humanos, no nos vamos a hacer nada”, expresó en referencia a los dichos de Arrillaga, que había dicho minutos antes que él había disparado contra los carapintadas en el levantamiento, intentando mostrarse democrático. “Lo que busca la defensa de Arrillaga, diría más Arrillaga que su defensa, es impunidad absoluta. ‘Yo viné a negar lo que hice, pero además te oculté el cuerpo. No lo vas a encontrar nunca, entonces voy a intentar además decir que como no hay cuerpo no hay homicidio, no hay muerto’”, ensayó Llonto un adelanto de la estrategia defensiva. “En algún momento incluso uno de los argumentos de la defensa fue que Ruiz y Díaz mataron a Esquivel y se fueron".
El abogado anunció que luego Lombardi señalaría las pruebas que se dieron en el debate "incluso algunas que nos sorprendieron. Nos sorprendió a nosotros mismos como vinieron testigos a decir que los pbligaron a decir algo, por suerte se terminó con la orquestación de la mentira", expresó.



La cultura represora



Con su seriedad habitual y una vasta experiencia en condenar a genocidas por crímenes de lesa humanidad, Llonto incluyó a Arrillaga como parte de una cultura represora. "Esa cultura es la que hoy viene a intentar mostrarnos en el debate, graficada en el viejo refrán 'Qué le hace una mancha más al tigre', como diciendo: 'yo ya estoy condenado en causas de delitos de lesa humanidad, qué me hace una más'. Esto es lo que nos va a motivar a pedir condena por delito de homicidio, pero también venimos a pedir que esa condena se haga efectiva en una cárcel común, para que esto de 'qué le hace una mancha más al tigre' no quede consagrado en una sentencia de este tribunal".
Según el abogado, Arrillaga era "conciente de todas y cada una de las circunstancias que se produjeron dentro del cuartel y fuera del cuartel. De todas esas circunstancias fácticas que le permitieron a él ejercer el control de todo lo que se estaba cometiendo ahí, incluyendo el delito de homicidio de José Díaz, que fue ejecutado. Y no sabemos dónde están sus restos. Y fue ejecutado por el accionar conjunto de una serie de responsables de los cuales aquí solo tenemos sentado a uno, Arrillaga".
También reivindicó “la dignidad de quienes ingresaron a La Tablada, frente a la supuesta dignidad que proclamó recién Arrillaga, que es un calco de la ley de autoamnistía de los militares en 1983. Le faltó decir 'errores y excesos'", dijo en referencia a la ley que el parlamento democrático recién conformado, derogó "por orden de Alfonsín. Pero fueron antes las Madres, las marchas y las movilizaciones las que derogaron esa ley. No hubo una sola mención a qué hicieron con José Díaz en la indagatoria de Arrillaga. Por eso esperamos, señores jueces, que las últimas palabras de Arrillaga sean al menos para señalar el lugar donde están los restos de José Díaz y el resto de los desaparecidos. Aquí hay sobrevivientes, familiares, madres y abogados/as que están dispuestos a que la justicia llegue lo más pronto posible", cerró Llonto.
Después vendría el largo tramo de Lombardi, tras el pase de bandera, que quedó inconcluso y continuará mañana. Luego alegará la fiscalía, a cargo de Marcelo Cearras. Si ya es sabido que la querella pedirá condena a perpetua en cárcel común, no resulta menos importante saber qué hará la fiscalía, si acompañará el pedido de la querella o solicitara alguna pena más baja. A esta altura, parece imposible que el Ministerio Público Fiscal pueda pedir una pena baja o la absolución.


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Alegato de la querella Parte 1. En la previa, etrevistas con Nora Cortiñas, Pablo Llonto, Sergio Paz, Daniel Díaz, Joaquín Ramos.

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La Tablada | Crónica del juicio -día 15- Acá no hubo fusilamientos ni cosas raras


En una nueva audiencia del juicio que busca saber qué pasó con José Díaz, uno de los cuatro desaparecidos de La Tablada, le tocó el turno de hablar al responsable de tanta barbarie. El ex General Arrillaga amplió su declaración, envuelto en la férrea voluntad de negar lo innegable y sostener la impunidad que lo acompañó 30 años. Antes de comenzar, el tribunal le consultó si podíamos registrar su testimonio en formato audiovisual, en vivo, a lo que Arrillaga se negó.

Foto: Arrillaga declarando frente al mapa de La Tablada (Gustavo Molfino)

"No voy a aceptar preguntas", fue lo primero que dijo ante la consulta del tribunal. Y a partir de allí desplegó, durante casi dos horas, argumentos que han sido rebatidos por numerosas pruebas durante este ejemplar proceso llevado a cabo por el TOCF4 de San Martín. 
La principal estrategia esgrimida por Arrillaga (y que permite anticipar cuál será la línea argumental del alegato de la defensa) fue intentar relativizar su responsabilidad en los hechos a partir del descontrol represivo que se vivió durante la "recuperación militar" del cuartel. "El combate de La Tablada se caracterizó por una gran desprolijidad", indicó. Entre los factores que incidieron para que esto sucediera mencionó "la sorpresa ganada por los terroristas al iniciar el ataque", "el accionar desprolijo de la policía", "que esto sucedió durante la licencia del Ejército y coincidiendo con el cambio de guardia en la unidad", "el poder de fuego de los terroristas, que se apoderaron de elementos, y que tenían armamento más moderno que el del Ejército", y "los refuerzos heterogéneos que llegaban al cuartel, para reforzar el cerco".
Otro de los puntos centrales con los que intentó limitar su responsabilidad en los hechos, fue sostener que  carecían de comunicaciones durante la recuperación. "Llegamos al punto crítico de la falta total de comunicaciones que impedía una conducción centralizada", alegó. E insistió en la idea de que esto "le impedia al comandante conocer lo que estaba pasando del otro lado del cuartel" que provocó según Arrillaga "la falla de la conducción centralizada".

Haciendo cosas raras

Sin dudas, lo que más dolió de la exposición del genocida Arrillaga fue la liviandad con que se refirió a la represión desatada en La Tablada. El discurso de impunidad de los militares genocidas volvió a escucharse en boca de este exgeneral ya condenado cinco veces por delitos de lesa humanidad en Mar del Plata. Sin más, quiso explicar "el termino aniquilar para el Ejército", que tendría dos posibilidades: "anilquilamiento físico del adversario o quebrar su voluntad de lucha". Según Arrillaga, que intentó convencer al tribunal de que solo sucedió esto último: "lo que sucedió, fue la rendición de La Tablada", pero son numerosos los testimonios (y el alegato posterior de la querella así lo demostró) que dan cuenta de que el plan fue de exterminio.
Para reforzar su idea, y dejando ver su línea de pensamiento, indicó: "acá no hubo fusilamientos ni cosas raras". Sin embargo, en su envalentonado discurso, volvió a demostrar de qué fueron capaces las fuerzas represivas y cuál era su desprecio por la vida humana. "El 23 también se consideró el ataque nocturno al Casino de Suboficiales, pensado que el fuego obligaría a las personas allí presentes, o a las alimañas, a salir. Pero la oscuridad no permitiría distinguir a terroristas de rehenes, y se desiste de esta idea".
En su último intento de defensa, Arrillaga quiso arrastrar consigo a Raúl Alfonsín. Por eso se refirió a la visita del entonces presidente al lugar de los hechos. En su recorrida "observa a los detenidos, cómo se les da apoyo medico, a uno se le coloca suero por la deshidratación de más de 30 horas de combate, observa el trato que si bien es duro es correcto", indicó Arrillaga. Y agregó, para intentar sostener esta línea argumental: "me queda una inquietud de pensar que si mi proceder hubiera sido errado respecto a los detenidos, y ante una novedad que afectara a ellos, el señor presidente caracterizado por ser el defensor de la democracia y el protector de los derechos humanos, hubiera reaccionado ante un acto perjudicatorio a los detenidos, y hubiera aplicado el máximo rigor de inmediato ante la ley". Una argumentación que en lugar de salvarlo a él, hunde un poco más la figura pública de Alfonsin: los testimonios de los sobrevivientes, que lo escucharon ingresar al lugar donde estaban detenidos, encapuchados y maniatados, y su discurso posterior por cadena nacional (al que el exgeneral también citó) son el punto más oscuro en la trayectoria del "padre de la democracia".

Arrillaga ingresa para declarar. De fondo en la imágen de tv, los tres jueces: Rodríguez Egger, Mancini y De Korvez.
(Foto: Gustavo Molfino)

Reivindicando el exterminio 

Si bien no fue un discurso de defensa política de lo actuado, la sistemática negación de los hechos y el intento por criminalizar a las víctimas, demostró el carácter reivindicativo de su discurso ante el accionar criminal perpetrado 30 años atrás. A la vez que, muy atento a sostener las pistas falsas que sembró en el pasado, intentaba reforzar una historia que ha quedado en este juicio totalmente desacreditada.
Comenzó por relatar cada muerte de los efectivos del ejército, pero sin nombrar a Esquivel, a quien indicaron durante todo este tiempo como la última persona que vio con vida a José Díaz e Iván Ruíz, dos de los desaparecidos en La Tablada. En este juicio, fueron numerosos los testimonios que demuestran que Esquivel murió mucho antes de que fueran detenidos los militantes del MTP. O casualidad, Esquivel estuvo ausente del listado de bajas que presentó Arrillaga.
"A la mañana se intima la rendición, se ve que salen los terroristas a un lugar abierto para tener la posibilidad de ser filmados" aclaró Arrillaga, con una frialdad que duele. sin negar ni ratificar que haya sido él quien realizó la intimación, como han sostenido todos los sobrevivientes. "Cuento unos 13 y una mujer herida, que va a fallecer luego, desconozco el lugar, pero será luego recogida por la Policia bonaerense en alguna parte del cuartel", indicó en un pasaje de su discurso. Se estaba refiriendo a Berta Calvo, quien se entregó con vida pero gravemente herida. Los testimonios indican que fue luego asesinada mediante la colocación de una bolsa de plástico en su cabeza. Todo esto sucedió ante el control de Arrillaga, que en ese momento se presentó como Dios ante los detenidos desnudos y encapuchados, y aseguró ser quien definía la vida o la muerte en aquel lugar. La intención del recurrente número 13 que utilizaron los militares de altos cargos en defensa de Arrillaga (y también en defensa propia) fue ocultar que fueron 16 los detenidos, ya que luego serían desaparecidos Provenzano y Samojedny, quienes se rindieron junto al resto de sus compañeros, además de la ejecución de Calvo.
El final intentó ser apoteotico, mostró la permanente falsedad con que se mueven los genocidas, y la impunidad que buscan eternamente consolidar. Arrillaga no hizo ninguna referencia a José Díaz, el militante desaparecido por cuyo asesinato es juzgado en esta oportunidad. Ni una muestra de arrepentimiento o excusa ante un error, pura apología genocida. A diferencia de los genocidas juzgados por sus crímenes durante la dictadura, aquí Arrillaga se mostró como un defensor de la democracia. Incluso mencionó al carapintada Mohamed Alí Seindeldín (otro muerto que ya no puedo contradecirlo) con la idea de que como Arrillaga habría disparado en su contra durante uno de los alzamientos, algunos comandos podrían no haber respetado su jefatura durante La Tablada. Inverosímil por donde se lo lea.
"¿Cuáles fueron mis errores?" se preguntó autocomplaciente: "¿haber sido designado general de brigada durante un gobierno institucional, haber jurado a la bandera ofreciendo nuestra vida, jurar subordinacion y valor para defendr la patria?". Y culminó con una cita, otra vez con Dios de por medio: "Los hombres adoran a Dios y al soldado con el peligro delante. Cuando pasa el peligro Dios es olvidado y el soldado despreciado". En eso tiene razón: si durante la represión en La Tablada se sintió Dios, ahora le queda bien el traje de soldado despreciado.

*Este diario del juicio por los desaparecidos de La Tablada es una herramienta de difusión llevada adelante por integrantes de La Retaguardia, FM La Caterva y Agencia Paco Urondo, con la finalidad de difundir esta instancia de justicia que tanto ha costado conseguir. Agradecemos todo tipo de difusión y reenvío, de modo totalmente libre, citando la fuente. Seguimos diariamente en http://desaparecidosdelatablada.blogspot.com
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