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El 5º día del juicio oral contra Relmu Ñamku, Martín Maliqueo y Mauricio Raín no fue uno más. Pudimos escuchar testimonios que desnudan el sentido del “progreso” al que se invoca y en nombre del cual se explotan los territorios, en este caso de las comunidades mapuches, que no tienen ningún inconveniente en reconocer que “todos tiramos piedras”. Todos tiraron piedras porque la tierra es su vida, y Apache mata. El “progreso” que paradojicamente implica que a metros de donde se quema el gas, las comunidades mapuches se calefaccionen con leña. El “progreso” que implica la ausencia total del Estado en los territorios mapuches, o mejor dicho la presencia para garantizar solamente el derecho a la explotación de las multinacionales petroleras.

A continuación la declaración de Juana Velázquez que nos llenaba los ojos de lágrimas a quienes, a la distancia venimos sosteniendo una transmisión colectiva para que el juicio pueda escucharse en cualquier punto del planeta, y que todo el mundo se entere que las comunidades mapuches no son violentas ni peligrosas, que las comunidades mapuches están en peligro.


¿Qué pasó el 28-12-2012?


“Estábamos en la comunidad porque estábamos reunidos en un momento de luto, había sido la perdida de una sobrinita muy esperada, que falleció el 27-12-2012 y ese día se trasladó a la comunidad la bebé, incluso yo acompañe el cuerpito, me vine en el vehículo en que venía la bebe. Ese día salió una caravana de Cutal Có acompañando a la familia, salieron los pastores de su iglesia, porque la mamá es cristiana y gente de la comunidad nuestra que nos estaba esperando en la entrada. Se fue con el cortejo del cuerpito de la bebé hasta el cementerio donde descansa mi padre. Esa noche pasamos la noche todos juntos como familia; nos agrupamos como siempre somos las familias bastante unidas, y pasamos la noche en la casa de Martín, mi hermano. Nos levantamos medio tarde al otro día, porque nos acostamos tarde, estábamos haciendo la comida ese día para almorzar, y sentimos el arranque de maquina, y nos sorprendió porque la empresa estaba parada, estaba parado el yacimiento. Se subió mi hermano (Martín Maliqueo) a mirar y dijo que estaba entrando la empresa. Salimos todos, nos olvidamos de la comida, incluso estaba mi mama, que se quedó. Salimos hacia abajo en la camioneta, y cuando llegamos vimos que había una maquina, y la camioneta donde iba la señora que iba a llevarnos, supuestamente, una notificación. Ella nos empezó a decir que tenía una orden para que entren al yacimiento, les dijimos que no, que vengan los de la empresa; que no queríamos discutir con ella, ni con la policía. Ella siguió discutiendo con nosotros, diciéndonos que no eramos mapuches, que no era nuestra casa, que no veía ninguna casa, que no era nuestro patio. ¿Cómo que no? nosotros nacimos y nos criamos acá, libres. Porque jamás hubo una escuela para estudiar, nos criamos sin estudios, con tantas necesidades que a los 12 años mi padre me obligó a ir a la ciudad a trabajar y desde ese entonces la lucha siguió por el territorio, por lo poco que dejo mi padre, porque él la peleó hasta que se fue, él era el hombre identificado por la empresa como “el hombre del caballo blanco” 'otra vez vino el hombre de caballo blanco a tirarnos las estacas` decía la empresa.”

Los muñecos viejos de YPF


“En este lugar alguna vez cuidamos nuestros animales libres, caminábamos en pleno campo sin ver una plataforma petrolera, donde alguna vez corríamos carrera con mis hermanas a caballo sin ver un pozo, hoy entramos a ese campo y esta lleno de plataformas petroleras. Sin embargo siempre vivimos en decadencia, empobrecidos, mis hermanas y yo trabajando de empleadas domésticas, porque no podemos tener estudios, sin embargo la petrolera se llevaba todo de ahí. Nos criamos muy tristes en ese campo, para los reyes, para el día del niño los señores que trabajaban en YPF nos llevaban muñecos viejos, que les sobraban a sus hijos, con esos juguetes a veces nos compraban el cariño, cuando legaba un señor de YPF pensábamos: nos trae los muñecos viejos, pero eran deseados, los recibíamos.
Y así crecimos sin estudios, y a esta altura que somos todas grandes, trabajamos de empleadas domésticas, con una salud deteriorada por trabajar de tan chicas. Y mi padre se fue con una visión en su corazón de que nosotros cuidáramos ese territorio que fue tan peleado por él. Nosotros nos criamos en una casa de adobe, pese a que hay tanta riqueza en ese territorio, si vieran las taperas, esas casas. El día menos pensado se nos secaron los pozos, no hubo mas agua, mi madre se enfermó y hoy la tengo que tener en la ciudad de Cutral Co porque necesita comer todo fresco y eso ya no se puede en el campo.

Está difícil la vida de nosotros los mapcuhes, de vivir tan carente, con tanta miseria, y sin embargo nos tienen sentados en un banquillo por reclamar algo justo, por reclamar que no se rompan nuestros campos, que no se deterioren nuestras tierras, cuidadas por mi padre y por mi abuelo, donde criaron sus animales.”

Todos tiramos piedras


(El 28-12 cuando llegó Verónica Pelayes acompañada de la policía, la máquina para romper el alambrada y camionetas) “nosotros le decíamos que se retirara, que se fuera. Que vengan los responsables de esta empresa. Y ella nos decía que no eran nuestras casas , que iba a entrar, que tenía la orden para entrar. Nunca quisimos herir a nadie, pasó porque nos dolió que no existiéramos para ellos. Nosotros vimos muchas notificadoras en nuestras comunidades, porque no fue el primer intento de desalojo, fuimos reprimidos muchas veces. Nuestros hijos han crecido bajo la represión policial.

Han llegado notificadoras caminando a la casa, llegaban, dejaban la nota y se iban a su auto. Jamás hemos agredido a nadie. Siempre venían solas, en este caso no. Pelayes llegó con dos policías, una máquina y no se cuantas camionetas. Era un desalojo a ejecutar ya. Todos tiramos pierdas, a los autos, la camioneta, la maquina. A las personas no les tiramos piedras. No sabíamos que había habido una persona herida. No era nuestra intención herir a nadie, porque no somos ese tipo de personas.”

 Yo sabía que a las (patotas) petroleras las cuida la fiscalía.


“En los meses anteriores pasó algo muy grave con mi familia, donde mi madre fue golpeada, fue macheteada su cabeza, donde mi hijo fue herido por la espalda cuando tenia 16 años atacado por una patota. Lo hirieron por la espalda porque él iba disparando, porque a su tía la tenían tirada en el piso pegandole y estaba embarazada, hicimos la denuncia, nunca pasó nada, nunca quedó nadie preso. Eso fue en marzo del mismo año que fue lo de Pelayes. A mi hijo le pegaron un tiro. Y no hubo un juicio como este, tal vez porque no tenemos plata, porque somos pobres, porque somos mapuches. Nunca se investigó, por qué, ni quienes y por qué a mi familia. Y eso me duele en el alma, porque yo le tengo que decir a mi hijo que la justicia para algunas cosas no existe. Entonces le tengo que decir a mi hijo de qué lado esta la justicia. Es muy doloroso escuchar a un hijo que diga `por una piedra estamos acá y a mi me pegaron un tiro y qué pasó`”

Antes de la declaración de Juana Velázquez, pudimos escuchar la de Violeta Velázquez, que también se refirió al accionar racista de la justicia, al no investigar distintas causas en las que las comunidades fueron agredidas por patotas petroleras. En relación a esta situación Violeta en su declaración afirmaba “como somos indios no tenemos derecho a ser escuchados, yo les quiero preguntar a los que están acá ¿qué somos para ustedes nosotros? ¿no hay justicia para nosotros?"


Al ser consultada por el abogado de la defensa, Darío Kosovsky, sobre si recordaba durante el año 2012 alguna acción en la que hubiera participado relacionada con la empresa Apache,  Violeta respondía que
“en Noviembre, que fue la ultima vez que nosotros decidimos ya terminar con eso de dejar entrar a la empresa. Esa vez iba la policía, la GEO (grupo especial de operaciones) lleno de policias atrás, móviles, camionetas, escudos, ya para reprimir. Esto fue en Portezuelo. Yo estaba con mi madre, mis tías, mis tíos que son los padres de Cristina Lincopan, que todavía estaba viva, mi niña de 5 años y mi sobrinito; yo estaba embarazada de mi niño de 8 meses. Estaba cansada de decir que basta de policía, porque nuestros hijos llegaban y lo primero que veían era policía, a las 6 de la mañana cuando te levantabas era ver a la policía. Yo esto no lo puedo soportar más, quiero que se termine. Yo nunca viví de una empresa, jamás. Vivimos con lo poco que tenía mi padre, y jamás de la empresa. Esa vez les dije esto se va a terminar, me voy a rociar con gasoil y me voy a quemar. Porque no puede ser, la empresa entraba con camiones y te mandaba a toda la policía que había. Yo les dije, acá no van a pasar, me voy a prender fuego.”

Luego de relatar esta dramática situación Violeta interpelaba a los presentes, porque había denunciado ante Marcelo Jofré (fiscal actual interviniente en la causa, presente en la declaración) distintas situaciones violentas sufridas por la comunidad a manos de las empresas, sin lograr ninguna acción por parte del poder judicial. Afirmaba Violeta “para ellos nosotros no somos gente” para terminar preguntándole al fiscal “¿qué somos para ustedes?”

Declaración Juana Velazquez:

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