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Cantante y compositora chilena de intensa trayectoria en el hip hop, Ana Tijoux estará esta semana en Argentina para convidar su arte combativo e intimista. En entrevista en profundidad con FM La Caterva, reflexiona en torno al papel de la contracultura en la transformación social, la recuperación de las raíces musicales latinoamericanas, las movilizaciones populares que se viven en Chile y la invisibilización que sufren las mujeres producto del patriarcado. A pocas horas de su recital junto a Miss Bolivia y Morbo y Mambo en Groove, sin pelos en la lengua dispara: “los gobiernos progresistas dejaron el terreno fértil para esta ola fascista en la región”.





-En tu música y letras siempre ha estado muy presente lo personal. Has nacido en el exilio debido a que tus padres tuvieron que salir de Chile por la dictadura. ¿En qué medida la música y el canto fueron no sólo una herramienta de denuncia de eso que padeciste, sino también algo terapéutico, que te ha permitido quizás sanar heridas o dar cuenta de esa condición en tu itinerario más personal?

Finalmente cuando uno tiene una visión del mundo política, una postura y una convicción, creo que es imposible no hacer un paralelo con visiones de la vida personal y en lo íntimo también; no puedo diferenciar lo personal de lo general, porque sino se convertiría en un antagonismo, lo cual no tiene mucho sentido. En la casa y en lo cotidiano uno va aplicando las visiones que tiene del mundo, por eso no creo que haya una diferencia. La música cobró un sentido y una herramienta no solamente de postura hacia el mundo, sino también una reafirmación conmigo misma. Pero eso también se va tejiendo en el cotidiano, como se sigue afirmando en el día a día, en estos momentos históricos donde todo parece estar hecho para quebrarte, para quitarte las convicciones personales. Entonces creo que ese es todo un trabajo del día a día, del segundo a segundo y del paso a paso, que no se acaba nunca.

-Te preguntamos esto porque cierta izquierda disocia lo personal de las aspiraciones más colectivas, de lucha anti-capitalista y revolución. En varias canciones tuyas, como “Creo en ti”, la vida cotidiana y lo pequeño son un puntal fundamental en el sentido de la transformación, de la posibilidad de cambiar el mundo.

Claro, porque esa visión es extremadamente occidental. Desde la formación del colegio e incluso desde la cuna, venimos con una formación social así, donde hay que ponerse de acuerdo para afuera, o bien se cae en el nihilismo o el narcisimo de lo superpersonal, como que hay una disociación entre ambos mundos, que me parece extravagante y occidental de una u otra forma. Entonces hay que hacer un tejido o un enlace mucho más cercano de lo que uno cree, porque finalmente las pequeñas-grandes luchas también se realizan en casa, con los amigos cercanos y con las compañeras. Quizás esas luchas son invisibles, pero son extremadamente importantes, no menos que las otras.

-En Chile se viven desde hace años movilizaciones constantes de lxs estudiantes y jóvenes, que han sido una referencia para América Latina. Tuvimos la oportunidad de estar allá mientras cantabas en liceos y universidades tomadas; en ese sentido, el 2011 y los años siguientes fueron muy importantes también en términos musicales y de contracultura. ¿Cómo vivencias este proceso y en qué medida influyó en ti?

Este movimiento estudiantil, que nació en 2006 con el movimiento pingüino y luego fue bastante cooptado por el Estado, explota una vez más en 2011, y hoy sigue en forma cotidiana, porque muchos de esos estudiantes secundarios hoy están en la Universidad, y pasaron quizás de una orgánica secundaria a una universitaria. Y claro, efectivamente los cabros levantaron un país completo, ya que estábamos adormecidos, congelados por el miedo. Mi generación fue una generación muy golpeada. Evidentemente esta nueva generación de jóvenes viene con menos contaminación de lo que vivimos nosotros. Con otra perspectiva, con otro dinamismo y velocidad, sin tantos gérmenes políticos. Este levantamiento estudiantil influyó a un país completo en todo orden. Es imposible separar este levantamiento que nace en la calle, de los movimientos sociales, de otros como los de la salud, los de la minería y los pescadores, fue una impregnación general, que incluyó a la cultura también, va, a quienes somos agentes de la contracultura, pues yo creo más en la contracultura, ya que somos acompañantes del proceso social. Entonces claro, en las tomas de liceos públicos o de universidades, era muy frecuente ver a muchos de los mismos músicos apañando y acompañando a estos procesos, entendiendo que no solamente la música, sino todos las artes en general, son herramientas de acompañamiento histórico, entre otras cosas, no?, para no ser stalinista, algo que odio, vamos en el paralelismo histórico más bien.

-¿Qué papel sentís que tiene el arte y la contracultura en general en estos procesos colectivos?

Vivimos en un mundo extremadamente extraño, ya que quienes vivimos del arte o de la música, vivimos en contradicción permanente, porque muchas veces son los mismos enemigos los que te pagan los conciertos. Uno vive con una tabla de surf bastante compleja. Yo creo que finalmente estamos en un momento que el arte está en la reformulación dentro de un modelo que está completamente atrofiado, en la cual el arte esta desarticulado también, ya que muchos músicos son músicos y no son artistas. Van a la funcionalidad del modelo también, terminan haciendo música publicitaria o el caer bien, hay conceptos totalmente erróneos del rol que cumplimos en esta sociedad: el artista amable, el artista buena onda; cuando en realidad tenemos que ser una nota disonante, yo creo que tiene que ver con un desencaje permanente, finalmente a nosotros, que somos obreros del arte, nos toca estar excavando permanentemente con la emocionalidad, y la emocionalidad no es horizontal, se va moviendo, y uno se va moviendo también en esa emocionalidad. Me atrevo a decir que somos muchos los que estamos en esta, tratando de encontrarnos también en esta disonancia, en esta atonalidad, de algún otro modo entre el vivir de esto y también el tratar de ser lo más honestos, con la honestidad más transparente de seguir en este oficio.

-Hablaste de cómo nos condiciona la lógica occidental y ahí hay algo paradójico: el hip hop también tiene raíces profundamente populares, pero a la vez nace en EEUU. En tu caso, has tratado de conjugarlos con ritmos y sonidos que tengan que ver con las raíces latinoamericanas, ¿cómo asumiste el desafío de esta fusión? 

Muy natural, porque al final tenemos que entender que la rima, y la prosa y las décimas son parte de nuestra educación popular latinoamericana. En Chile tenemos muchos poetas que trabajan con décimas, es parte de nuestra epidermis histórico-cultural. Lo que pasa es que quizás no es que las estemos fusionando, es que estamos recuperándolas. Nos toca una recuperación territorial de la palabra también, de cómo se usaba la palabra. Hubo un momento en que la occidentalización del capitalismo no solamente se metió en el modelo económico, sino también en la cultura, por ejemplo todos los trabajos van en 4/4 en términos de métrica, y las métricas en África o Latinoamérica muchas veces son distintas, son en 6/8 o en 3/4, entonces hay que descuartizar también la rítmica. En ese sentido, con el equipo de gente con la que trabajo, hemos intentado, más que fusionar, recuperar estas cosas que nos fueron cortadas, extirpadas de alguna manera. Pero como el cuerpo humano y social tiene una memoria histórica, es muy fácil volver a retomarlo, no creo que sea un trabajo tan profundo, es como la historia musical de nuestros abuelos, es como escuchar el charango para muchos países que tienen historiales andinos, por más que no queramos, uno escucha un charango y te recuerda a algo que no puedes explicar, y quizás no hay que explicarlo, tiene que ver con lo que escuchaban los abuelos de nuestros abuelos. Hay muchos músicos que estamos en esa recuperación histórica, cuestionando, para decir: bacán el hip hop, bacán la lucha del hermano afroamericano, hay que comprenderlo también, pero es súper importante entender que nosotros no somos ellos; es decir, reconocernos en nuestras diferencias, a partir de una suerte de admiración, no de fanatismo, porque sino sale la copia. Por eso es fundamental buscar nuestra propia identidad como proceso musical también.

-Otro eje en tu música y composición tiene que ver con tu condición de mujer. El tema “Antipatriarca” ha tenido muchísima difusión, por la centralidad que está cobrando la lucha de las mujeres, e incluso el feminismo popular y comunitario a nivel continental, es decir, no ya un feminismo eurocéntrico, sino con profundas raíces latinoamericanas. ¿Cómo vivís este proceso de redescubrirte en tu identidad y en tu condición de mujer?

Yo creo que como muchas mujeres, con contradicciones, encontrándome extremadamente machista. Porque finalmente el machismo es sumamente capitalista y uno lo lleva desde el colegio. Incluso en una cosa tan simple como que una se cuestiona que mis hijos tienen mi apellido en segundo lugar, como por qué estamos en segundo lugar de forma permanente, por qué decimos nosotros y no nosotras, por qué en el hablar la “a” se ve anulada, por qué siempre estamos en un segundo puesto, por qué siempre somos invisibilizadas. Entonces este recorrido, aún cuando yo te podría decir que leí un par de grandes autoras, tuvo que ver mucho más con conversaciones, con cuestionarse que finalmente muchas mujeres hemos sufrido violencia en pareja, pero lo tenemos tan normalizado que ni se habla, aparte porque da mucha vergüenza. Esta esa una recuperación territorial corporal también, y de la identidad, que tiene que ver con ese feminismo popular, aunque lamentablemente estamos en una época donde el feminismo es una palabra tan en boga, que es muy violento que un perfume, o una tienda sea capaz de decir “compra en nuestra tienda y se más feminista, viva el feminismo y compra este perfume” a tal punto que todo es capaz de tergiversarse, modificarse, manipularse y darse vuelta. Por eso toca la tarea justamente de volver a recuperar ese feminismo comunitario, que tiene que ver con esos círculos de mujeres, con compañeros también, porque hay muchos compañeros feministas, y también entender qué significa. Entonces la canción hace muchas reflexiones desde mis propias contradicciones, de verme afrontada a mi profundo machismo, a mi gran ignorancia respecto al tema, a mi rol de mamá teniendo un hijo hombre y mi hija mujer. Verme afrontada a la navidad, y ver la dictadura del rosado, la dictadura de comprarle regalos a mi hija para que sepa planchar y tenga que cuidar un bebe, y comprarle regalos a mi hijo para que construya. Y todo eso te da material para reflexionar y pensar en voz alta, y creo que esa reflexión es infinita, porque está tan metida y tan hondo en nosotros, que en lo cotidiano también me estoy corrigiendo, o me está corrigiendo a mi hijo, o me corrigen amigas y amigos.

-¿Cómo es esa dinámica más interna de componer y de escribir? ¿En qué momentos lo haces o en cuáles te sentís más fuerte para que salga de la manera mas espontánea y genuina?

Sabes que no tengo ningún orden creativo, es extremadamente caótico, siempre ha sido muy caótica la forma en la que compongo, porque hay momentos en los que me siento totalmente desinspirada, otros en los que llega una suerte de rayo creativo y me pongo a escribir, en otros conversaciones que me provocan escribir. Me gusta que sea de esa manera y que no sea estructurado en términos de composición, y en ese formato he trabajado siempre y sigo de ese modo. 

-Luego de la enorme repercusión de tu disco VENGO, ¿en que estás pensando a nivel musical?

La verdad que tomando las cosas con mucha calma, vivimos un momento en donde todos hablan de “carrera” musical y de éxitos, y ojala no haya tantas expectativas. Creo que la música tiene que ser lo más libre posible, dentro de todas estas contradicciones, entonces estoy tratando de ir a esa velocidad, haciendo temas muy lentos, como un vals peruanito o un tema de Victor Jara; dándome el placer de romper quizá con mis propias expectativas y mi propia idiotez...

-Y la presión que muchas veces te impone la lógica del mercado musical...

Claro, el mercado musical y una misma también, incluso el decir “carrera” musical es muy raro, por eso te digo que una misma tiene que estar permanentemente cuestionándose. La verdad es que yo me veo haciendo música hasta muy viejita, entonces, ¿cuál es el apuro? ¿quién me puso este apuro que ahora hay que subir, subir y subir? ¿subir para qué? En verdad qué es lo que queremos: ¿tener más público o queremos profundizar el público y quizás romper con los paradigmas que tiene el mercado?

-Volviendo a tu país, en Chiloé se está viviendo un proceso muy trágico que a la vez generó un levantamiento popular. ¿Cómo lees esta lucha que tiene que ver con otra de las raíces que son los pescadores artesanales, las comunidades locales del Chile más profundo, que no salen en los medios hegemónicos?

En Chile estamos viendo un derrame, un desborde del modelo que no va a parar: la salmonera hoy día, van a ser las mineras mañana, las hidroeléctricas pasado mañana y las forestales pasado pasado mañana, es más: es ahora, está sucediendo ahora y es comida para hoy y hambre para mañana, se está demostrando que el modelo extractivista no esta dando abasto, es un puñado gente la que se está enriqueciendo con la acumulación de riquezas, entonces el levantamiento popular que nace de los pescadores en Chiloe y en la Décima Región, tiene que ver con este modelo que está demostrando con creces que no se sostiene por sí solo, se está derrumbando y la gente se está dando cuenta con hechos concretos. En este caso, porque los pescados llegaban muertos a las playas por esta contaminación y porque la gente de Chiloé vivía de pescados y del desconchar, entonces le estas quitando el plato de comida a la gente de forma directa, todos iban a trabajar a la salmonera porque era la única opción, o sea era la dictadura de la salmonera, la dictadura nunca se fue, la dictadura se quedó, se instaló, se profundizó. Entonces los levantamientos populares en toda la isla de Chiloé y en la Décima Región responden a eso: a una política extractivista que se está desbordando por sí sola.

-Por último: se vive a nivel regional una coyuntura muy compleja, de una derecha que avanza a pasos agigantados, pero también de un progresismo que mostró no ser una opción emancipatoria. ¿Te parece que los movimientos populares, junto a los colectivos contraculturales, artísticos de base, enraizados en los territorios, tienen un papel fundamental en superar esta crisis?

Claro, es fundamental porque finalmente los gobiernos progresistas son grandes culpables de la ola de fascismo en toda América Latina, dejaron el terreno limpiecito y fértil para esta ola. Qué triste que tenga que llegar un gobierno como éste de Macri para unir fuerzas, falta más visión política ahí también creo, respecto a todos los procesos de los gobiernos progresistas en América Latina, que es lo mismo que pasa en Chile también.