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Fernando Martínez Heredia formó parte del Movimiento 26 de Julio desde antes del triunfo de la Revolución Cubana en enero de 1959 y dirigió la emblemática Revista Pensamiento Crítico (1967-1971), que supo ser una referencia teórica y política para la renovación del marxismo, tanto en Cuba como en América Latina. También coordinó el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana entre 1963 y 1971, además de escribir numerosos libros, entre ellos El Che y el socialismo, por el que obtuvo el Premio Extraordinario Casa de las Américas en 1989. Desde el Enredando las Mañanas conversamos en exclusiva con él sobre el fallecimiento de Fidel Castro y la vigencia de su pensamiento y acción para nuestro presente. “La revolución cubana dio un nuevo impulso a los pueblos de América Latina, pero fue también una bomba contra los dogmas. El pueblo no se puso a aplaudir, se puso a participar”, recordó emocionado.




-¿Cómo vives la partida de Fidel a nivel político y afectivo, y también cómo lo está viviendo el pueblo cubano?

 Ante todo quiero agradecerles mucho esta posibilidad de comunicarme con ustedes, y a través de ustedes con el pueblo argentino, que es nuestro hermano. Aquí estamos ante una situación de un gran dolor, pero no hay que confundirse, es el gran dolor de un pueblo, no sólo de una persona ni de una familia. Y sí tiene objeto, por lo que no es solo dolor. Estamos acá llevando a Fidel por toda Cuba, en el sentido opuesto a como vino él en enero de 1959. Primero hubo una masiva demostración de todo el pueblo aquí en La Habana. Más de un millón de personas pasaron frente al lugar de honor, en la base del monumento Martí, y después en el acto que se hizo en la noche del martes. Desde ahí él ha salido también para el recorrido, ya está llegando a las provincias orientales, y en todas partes hay miles de personas, incluso los que viven lejos caminan hasta las carreteras para saludar a su paso. En todas las capitales de provincia se hacen actos. Fidel está ganando su primera batalla póstuma, que van a ser muchas sin duda. Se está multiplicando. Cuando tú ves tantos jóvenes que se han escrito en el brazo, o traen en la frente la frase “yo soy Fidel”, quiere decir que se esta multiplicando; ya lo estaba en el fondo de la gente, pero ahora esta visible y entonces esta consigna tan hermosa es también sumamente profunda. Es decir, somos lo mismo que es él porque queremos amurar con él. Eso es una cosa que nos hace sobreponernos completamente y lo va a ser mañana en el acto finalmente en Santiago de Cuba, que será un acto de masas, porque ya no será sólo con los jefes de Estado, sino también con el pueblo cubano, en oriente, donde finalmente se depositarán sus cenizas en el cementerio de Santa Ifigenia. Para mí en lo personal tiene una enorme significación, porque yo comencé a seguirlo cuando el empezó, porque toda mi vida he sido fidelista. Nos decían así: “los fidelistas”, y al principio no era un elogio. El demostró que era un visionario, pero además demostró que podía ser el conductor de todos a través del ejemplo, y no solo mediante la jefatura. Era el primero, entonces era muy amado además de ser seguido. Por eso a mí me da lo mismo que me digan comunista que me digan fidelista, porque aquí quiere decir lo mismo. Alguna vez a mí me preguntaron: “¿y su vida privada?”. Y yo les dije: la idea de la privada yo la respeto, pero en mi caso no la comparto, porque en millones de cubanos la vida que llaman “privada” se ha ido construyendo junto con la pública. Fidel ha estado en la mesa de la gente, en la cocina de la casa y en el medio de la calle, y no solo en las grandes concentraciones. Imagínate tu entonces como podrá ser. 




-Mencionaste que tus comienzos en la militancia coincidieron con la irrupción de Fidel Castro. Queríamos preguntarte por esos momentos del proceso revolucionario cubano, donde tuviste la posibilidad de participar en 1959 y en los años sucesivos. ¿Qué implicó para la juventud ese proceso encabezado por los “barbudos”, como se los llamaba en aquel entonces?


Cuando yo era un muchachito, tuve la posibilidad por casualidad de estar desde el inicio y ser fundador del Movimiento 26 de Julio. Y nosotros, aquellos muchachitos, gritábamos cositas frente a la policía, y ahora la policía es nuestra. Después vino la guerra y se multiplicó poco a poco la fuerza no solo de los revolucionarios, sino la fuerza del pueblo, porque el pueblo se fue sumando. Claro que los jóvenes siempre fueron decisivos, eso es lo que sucede también en las revoluciones. A partir del triunfo del ‘59 nos encontramos con una tremenda multiplicación de los actores revolucionarios, porque entonces sí el pueblo no se puso a aplaudir, se puso a participar. Y miles y miles de jóvenes querían ser como los barbudos, como los mártires -hubo muchos mártires en las poblaciones también- y de ahí salió primero la consigna de “estudio, trabajo y fusil”. Ya no era solo el fusil: había que trabajar y había que estudiar. Había una cantidad inmensa de analfabetos, la mitad de los niños no tenían escuela donde ir. Aparecieron una cantidad inmensa de tareas para los jóvenes, y los jóvenes entonces demostraron que valían tanto como el que más valiera, y como el más antiguo. Imagínate que muchachos de 11, 12, 13 o 14 años, 100.000 muchachos en total, fueron alfabetizadores, y alfabetizaron a casi la mitad de la gente, para producir un aumento brusco de la fuerza de la revolución, porque ya la revolución no podía ser solamente con una población semi analfabeta, tenía que ser con gente que cada vez tuviera más cualidades y que las convirtiera en más realidades. Aquellos muchachos que se hicieron alfabetizadores adquirieron un orgullo tremendo, esa fue su Sierra Maestra, y así sucesivamente en tantas cosas, como el trabajo voluntario masivo para enfrentar la realidad de la falta de tecnología, y para enfrentar también sobre todo la guerra de EE.UU. contra Cuba, la guerra del imperialismo norteamericano, que empezó desde hace mas de un siglo, que nos dominaron 60 años y que nunca se han conformado hasta el día de hoy. Los jóvenes han estado en la primera trinchera siempre, por eso empecé hablando de los muchachos y muchachitas que se escriben “Yo soy Fidel”.



-Algunos medios de comunicación de derecha hablan mal de la revolución cubana y de Fidel, planteando además que son algo del pasado, como si se cerrara para siempre una etapa con la muerte de Fidel, a quien definen como un líder “del siglo XX”. ¿Qué implicó en su momento la revolución cubana, y qué vigencia tiene hoy para Cuba, América Latina y el mundo?

Para esos medios lo único que puedo aconsejar es que no les hagan el más mínimo caso, además siempre han dicho que ya nos acabábamos, hace 25 años por ejemplo dijeron que nos acabábamos y acá estamos. Aquí el momento en que triunfó la revolución marcó el inicio de una nueva época en América Latina. La gente lo sintió así a lo largo del continente y fue un colombiano el que inventó “qué tiene Fidel, qué tiene Fidel que los imperialistas no pueden con él”. Resultó un aliento muy grande para un conjunto inmenso de resistencias y rebeldías latinoamericanas, que existían muchísimo antes de la revolución cubana, no es que no existieran, pero Cuba era como un faro en esa nueva etapa en que EE.UU. aparecía como el controlador verdadero de América Latina, y las burguesías que llamaban en aquella época “nacionales” demostraban que no eran nada nacionales, más bien eran cómplices y subalternas, empapándose de sangre de la cabeza a los pies y de corrupción, siguiendo la represión más terrible que en algunos lugares llegó hasta el genocidio. Entonces escuchar aquella la locutora que decía “desde Cuba, primer territorio libre de América”, era ante todo una esperanza, pero también un llamado, como decía la Segunda Declaración de La Habana, ya que “no se trata de esperar a ver pasar por la puerta el cadáver del enemigo, el deber de cada revolucionario es hacer la revolución”. Desde punto de vista de la práctica, la revolución cubana dio un nuevo impulso a los pueblos de América Latina, pero también creo que fue una bomba sobre las ideas. Quizás recuerdan ustedes que el Che Guevara el 26 de Julio de 1967 escribió en su diario de Bolivia “asalto al Moncada: asalto contra los oligarquías y contra los dogmas revolucionarios”. Es decir, todo lo que parecía que era eterno y absolutamente cierto, fue puesto en duda, y muchas cosas se negaron y con razón. La revolución cubana tuvo un papel entonces de fomentar la libertad verdadera del pensamiento, del pensamiento crítico, pero critico no solo porque es capaz de serlo, sino porque a la vez tiene que serlo, y es creador. En ese sentido yo creo que el aporte ha sido muy grande, sobretodo también que nos mantuviéramos, que es posible que un pueblo pequeñito, pegado mismo a EE.UU., se mantenga libre, en su proyecto de vida, y vaya creando una nueva sociedad. Hoy la situación naturalmente tiene todas las características únicas de la coyuntura histórica. No puede ser igual a las anteriores, nunca ha sido, hoy parece sumamente difícil. Pero yo he vivido algunas más difíciles que ésta. Y los más jóvenes están dispuestos a vivir una más difícil que la actual. Estamos frente a un imperialismo que parece peor, frente una burguesía anti-nacional -que es el verdadero nombre que se le debe dar- que parece peor, y ¿por qué parecen peores los dos? Porque son capaces de todo. Entonces los pueblos tienen que ser también capaces de todo. Pienso que América Latina otra vez va a marchar hacia adelante, y nosotros también, ya no con la fuerza del ejemplo que tuvimos, porque ya el ejemplo fue, pero sí con la fuerza de la constancia que mantenemos, de la hermandad que tenemos con todos los pueblos de América Latina. El comandante Raúl lo puso bien claro, cuando parecía que nos iban a dar a nosotros zanahoria y garrote a Venezuela; él dijo “nosotros sabemos lo que es la zanahoria y el garrote y estamos con Venezuela hasta el último aliento”. Así es y tiene que ser, por eso esperamos el protagonismo de los pueblos de América Latina. 


-Uno de tus últimos libros, A la mitad del camino, contiene un breve texto que se llama “Fidel en quince líneas”, donde defines a Fidel como un educador popular. ¿Podrías desarrollar por qué lo caracterizas de esa manera?

Yo creo que todo gran revolucionario está obligado a ser un educador, pero él lo logró de una manera maravillosa. Fidel estaba preparado por su procedencia social y sus estudios a ser un hombre de élites, estaba por su actitud destinado a ser un jefe, y estas características que son buenas, contienen como toda cualidad sus errores, su capacidad de llevar a la gente también hacia algunos callejones sin salida, pero sin embargo él no entró en ninguno. Fidel se sintió un educador porque él lo que quería era que el pueblo se desarrollara, y yo creo que la principal victoria que ha tenido ha sido precisamente ese pueblo que ves ahora en las honras fúnebres, como lo podías ver hace quince días en el bastión, que es un ejercicio militar que hacemos sobre la base de la guerra de todo el pueblo, donde participan juntos las fuerzas armadas, los milicianos y la población civil. Ese Fidel educador se dio cuenta, y por eso es que los discursos de él son tan largos, porque primero le hablaba a una población analfabeta que ni siquiera se había molestado en oír los discursos de los políticos que les decían las mismas mentiras siempre, y entonces él conversaba con la gente, le preguntaba y la gente le gritaba que sí o que no, y alguno le lanzaba una pregunta, y él le decía “¿cómo dijiste?” y le respondía. A la manera de entonces, fue el primer líder del mundo que utilizó la televisión para una faena de este tipo de educación popular. Como teníamos por suerte la televisión en Cuba ya, la utilizó de una manera maravillosa. Luego, cuando comenzó la campaña de alfabetización, a nosotros nos hacen “buena propaganda” en los medios del mundo y es muy natural, pero sería bueno que vieran que antiautoritaria era la cartilla de los alfabetizadores del ‘61, cómo explicaba la actitud que debía tener el alfabetizador, ante todo porque debía compartir el trabajo físico con las familias  y trabajar con ellos durante el día, y ser el maestro luego de la jornada; después porque debía ser fraterno con ellos, porque debía no ser autoritario al enseñar. Esa cartilla se llama Alfabeticemos, y es que tenían un ejemplo maravilloso en Fidel, el hombre sencillo, el hombre que iba por todo el país una y otra vez -ahora lo llevan a él-, se la pasó siempre conversando con la gente común, y es asombroso cómo un persona dice “me preguntó cómo está tu mama” y era que seis meses antes el otro le había contado que su mama estaba enferma. Es decir, el educador popular ante todo tiene una ideología política que quiere que sea compartida, no transmitirla sino que sea compartida, y después es capaz entonces de vivir la vida del pueblo, no para que el pueblo siga igual, sino que para que juntos se levanten y cambien, sobre todo que se cambien a sí mismos, y él fue maestro de todos. 




-Imaginamos que hay infinidad de anécdotas y recuerdos que remiten a Fidel. Si tuvieras que compartir uno que te venga a la cabeza, pero también al corazón, que remita a su figura y su ejemplo, ¿qué nos podrías compartir?


Es una vida entera, pero me puedo por ejemplo acordar de la noche del 22 de octubre de 1962, cuando el presidente de EE.UU. John F. Kennedy, que era un tipo mucho más culto que el que eligieron ahora pero tenía la misma idea, anunció al mundo entero que la armada norteamericana estaba bloqueando a Cuba y estaban dispuestos a todo contra nuestro país; le llamaron por ahí “la crisis de los misiles”, pero nosotros le llamamos la crisis de octubre. Entonces yo salí como tantos miles a cumplir mi deber militar, y fui dar a la costa del Mariel -donde ahora hay un polo de desarrollo económico importantísimo, pero entonces no había nada-, estábamos ahí esperando al desembarco norteamericano que habían preparado 500.000 hombres. Ahí durante 32 días nadie podía encender un cigarro, el primer día no había comida tampoco, pero todo el mundo trabajó haciendo trincheras. El segundo día dijeron “Fidel va a hablar”, y tendieron cables y altavoces en la oscuridad, entonces en la oscuridad se oyó todo el discurso del 23 de octubre de Fidel, que explicaba lo que había pasado, la situación, los enormes peligros, que explicaba la actitud que había que tener de no negociar con el imperialismo nada nada nada, y había que disponerse a la guerra nuclear, a todo, entonces todos íbamos oyendo en la oscuridad, era que estaba hablándonos al corazón, y estábamos todos dispuestos a todo, escuchándolo. Y él tuvo una expresión que me parece una guía, él dijo: “todos somos uno, y de todos sera la victoria”. Yo no lo he olvidado hasta el día de hoy. 

-A modo de cierre, algo adicional que también acompañó a Fidel y a la revolución ha sido ese horizonte del socialismo, que en estos días por lo general se ha dejado de lado, sobre todo desde los medios hegemónicos. ¿Qué puedes decirnos respecto del socialismo hoy, y en qué medida resulta actual para combatir esta realidad tan injusta y soñar con un mundo distinto?

El socialismo para ellos claro que es una mala palabra, y es natural que así sea. Sin embargo, yo pienso que ahora, que se menciona lo menos posible, es la única salida que tiene incluso el planeta para seguir existiendo. Para los capitalistas el planeta y la ecología no valen nada, el planeta es solamente el lugar donde ellos realizan sus ganancias: lo mismo haciendo explosiones para obtener recursos energéticos, que arrojando basura por todas partes de lo que a ellos les sobra, y que a cientos de millones de personas les falta para comer inclusive. Pasa que la naturaleza del capitalismo ya se ha vuelto tan extraordinariamente centralizada y parasitaria, que no deja lugar ni para capas medias, ni para situaciones intermedias, entonces nos está haciendo un favor, tenemos que darnos mucha cuenta, nos está diciendo: “o ustedes lo pierden todo obedeciéndome a mí, o ustedes se vuelven socialistas”. Es decir, la idea misma del socialismo está asociada a que es la única solución posible; en la actualidad hay una cultura política acumulada en los pueblos de América Latina inmensa. De lo que se trata para el capitalismo es de que no nos demos cuenta, lograr no un pensamiento único como dicen algunos compañeros de izquierda -que yo los respeto pero están equivocados-, no hay un pensamiento único, actualmente se trata de lograr que nadie piense, de hacer un proceso de idiotización de masas. ¿Por qué? Por el temor que ellos con razón tienen de que la gente que piensa se haga socialista, pues la gente que piensa quiere poner el socialismo en práctica. Yo pienso que nosotros vamos a tener afortunadamente unas cuantas sorpresas. Fidel fue un mago de esto, parecía un iluso, porque él dijo, cuando estaba en la prisión solitaria a inicios de diciembre de 1953, cuando peor no podía estar -estaban presos, habían asesinado a muchos compañeros, no tenían apoyo político alguno- y él escribió una carta que empieza diciendo: “con la sangre de mis hermanos muertos escribo esta carta. Las masas están listas, solo necesitan que se les muestre el camino verdadero”. Imagínate, cuando un visionario que parece un iluso, te puede demostrar cómo después fue ese el camino verdadero, el imposible se convirtió en realidad, la gente se cambió, o sea los cubanos nos hicimos socialistas. Después Fidel dijo que éramos socialistas, “ah qué bien, qué bueno, así que eso se llama socialismo, ¡qué maravilla!”. Por eso yo decía al comienzo que a mí me daba lo mismo que me digan fidelista o comunista. Entonces el socialismo va a tener que ser en cada parte de ahí, de ese lugar, y sin embargo solo se va a poder desarrollar si tiene muy en cuenta que el socialismo es internacionalista. El capitalismo ha demostrado que es capaz de centralizarlo todo; el socialismo nos tiene que demostrar a todos también que la fuerza nos va a venir del internacionalismo, de ser con cualidades cada vez mayores, porque sabemos que hay que darlo todo por el hermano, que hay que darlo todo porque así somos fuertes. Se trata de una posibilidad maravillosa que está al alcance nuestro, lo que hay es que ponerse en movimiento.

-Te agradecemos muchísimo por tus palabras y tus reflexiones tan emotivas.

Yo les agradezco mucho a ustedes porque esta comunicación nos quiere decir que el pueblo argentino está con nosotros también; aparte de que nos hicieron el regalo más grande que le ha hecho un pueblo a otro, que es Ernesto Che Guevara. Un abrazo y un saludo para todos los oyentes.

Audio de la entrevista: 



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