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INTERVENCIÓN DE VERÓNICA GAGO EN EL MARCO DEL ENCUENTRO DE FORMACIÓN POLÍTICA "FIDEL VIVE" ORGANIZADO POR EL MOVIMIENTO POPULAR LA DIGNIDAD

En pleno auge del movimiento internacional de mujeres en el que Argentina pareciera ser vanguardia y a días de lo que será la huelga general y mundial de mujeres, Verónica Gago, integrante del Colectivo Ni Una Menos, analiza el carácter masivo que está adquiriendo el feminismo, y cómo de las reivindicaciones más generales del movimiento Ni Una Menos se llega al ámbito del trabajo para apropiarse finalmente de la herramienta del paro.




El feminismo como fenómeno masivo

Hay una especie de ciclo interesante que tiene que ver con ciertas movilizaciones en Argentina, pero también en América Latina, donde la cuestión del feminismo aparece con una novedad que es ser un fenómeno masivo. Quienes estuvimos hace muchos años en distintas organizaciones sabemos que antes la palabra feminismo no era muy popular ni muy bien recibida, incluso en un montón de experiencias donde el protagonismo de las mujeres era muy evidente. Pero la palabra feminismo no necesariamente acompañaba ese protagonismo femenino. Estoy pensando por ejemplo lo que fue la organización del movimiento de desocupadxs en el 2001, donde la iniciativa de organización barrial, de restructuración de los comedores, de organización de muchos de los movimientos tuvieron que ver con una fuerte impronta de organización de las mujeres, de una re-elaboración de cuál era el lugar de los varones una vez que estaban desocupados, es decir que perdían ese rol de proveedor, y sin embargo no aparecía la clave de feminismo como una clave de lectura o una clave más difundida de cómo leer esa participación, y pareciera que en los últimos años la cuestión del feminismo sí se vuelve una clave más compartida, más masiva y empieza a haber una serie de debates en América Latina sobre cómo llamar a esa experiencia de un feminismo de masas, popular, popular-comunitario; son distintos nombres que empiezan a circular para tratar de ponerle imágenes concretas a esta experiencia de protagonismo de mujeres, que también se vincula con un montón de resistencias muy concretas. Escuchábamos hace poco tiempo a compañeras de Guatemala y Honduras conceptualizar las muertes de liderezas campesinas, indígenas, líderes de territorio en defensa de recursos y por la vida, como femicidios territoriales, el feminismo dando una clave ahí para pensar cuál es la dinámica de los conflictos neo-extractivos. La forma en que el feminismo empieza a hacer alianza o hacer cuerpo común con una serie de luchas y a convertirse en un lenguaje, en un vocabulario y en una serie de imágenes que dan fuerza, me parece que esa sería un poco la pregunta. Acá en Argentina hubieron estas movilizaciones masivas del 3 de junio en 2015 y 2016, y el 19 de octubre pasado con el paro de mujeres, luego del Encuentro Nacional  de Mujeres y el asesinato de Lucía Peréz en Mar del Plata, y en menos de diez días se organiza el paro, que empieza a tener una repercusión, una transversalidad, una capacidad de conexión, con otras iniciativas, con organizaciones, con pequeños grupos, con muchas mujeres autoconvocadas, pero también una repercusión a nivel latinoamericano que nos sorprendió muchísimo. Algo interesante para resaltar del paro del 19 de octubre, y que se proyecta también para el del 8 de marzo, es la posibilidad de conectar una respuesta a las violencias machistas, en particular a los femicidios como la forma más cruenta, con la trama económica, social y política que hace legible, entendible y que explica también ese incremento de las violencias machistas. Esa conjunción de la violencia y la trama económica, política y social, me parece que le dio una especie de salto a la cuestión de la repercusión de la medida del 19 de octubre, porque de alguna manera la violencia contra las mujeres, la violencia en los distintos territorios y los femicidios en particular, también daban posibilidad de leer la cuestión de las mujeres únicamente como víctimas, es decir, las mujeres somos las víctimas privilegiadas de la violencia machista, y este cruce con la medida activa del paro, me parece que logró poner en conjunción una respuesta de rabia, de dolor, pero también es una afirmación de un poder nuevo. En esa conjunción entre lo que algunas compañeras llaman luto, fragilidad o respuesta a la violencia y la capacidad de demostrar en la calle una red de solidaridad, de autodefensa y de capacidad de poner ese protagonismo femenino que se desarrolla en el día a día en conjunción, me parece que nos puso en otro escenario. La interpelación coyuntural en la Argentina a hacer el primer paro de mujeres, que fue el primer paro que se le hizo a este gobierno, también tuvo su fuerza. La frase que circulaba en ese momento era: mientras la CGT toma el té con el gobierno, las mujeres tomamos las calles. Y esa frase prendió muchísimo también porque era una interpelación muy concreta al tipo de pasividad que había en la coyuntura por los llamados actores de la macropolítica. Desde ese momento hasta ahora hay una cantidad de espacios de elaboración en distintos lugares para pensar qué es ese tipo de violencia contra las mujeres.

La disputa en torno al monopolio del paro como herramienta política

Con la organización actual del paro del 8 de marzo estamos teniendo contacto y relación con muchos sindicatos, con muchas comisiones internas, y la reacción de los sindicatos contra la iniciativa de las mujeres es muy fuerte. Primero porque los sindicatos están planteando cuál es la legitimidad del movimiento de mujeres para apropiarse de la herramienta del paro, siendo que el paro es de los y las trabajadoras, y ahí empieza a funcionar un concepto totalmente restringido de quiénes son las y los trabajadores reconocidos, asalariados, en blanco, es decir los “legítimos” para usar la herramienta de paro. Me parece que del 19 de octubre para acá, la unificación de esta demanda del movimiento de mujeres con la cuestión de trabajo, permite mapear el mundo del trabajo en clave feminista y, por lo tanto, darle una visibilidad y un valor por ejemplo a las economías informales, populares, de cuidado, domésticas, que en general no son reconocidas como economías que producen valor, y hay algo del movimiento de mujeres que lo que hace es afirmar: sí producimos valor, las tareas de cuidado, domesticas, de autogesitón, las cooperativas, las formas en que los barrios están permanentemente autogestionando recursos, negociando recursos, produciendo organización social, es una producción concreta de valor, y ahí el protagonismo de las mujeres, y una forma de trabajo feminizado, tiene una clave de comprensión, de inteligibilidad, de mostrarnos ciertas cosas de cómo funciona el trabajo hoy, que si uno lo mira desde el sindicato se pierde mucho más de la mitad de ese mapa. Entonces hay algo ahí de esa clave desde el punto de vista del trabajo de las mujeres, que nos permite leer, reconceptualizar el mundo del trabajo, pero sobre todo ampliar la idea de paro, y que sea una idea y una herramienta política disponible más allá del tipo de monopolio que se quiere hacer hoy desde los sindicatos, y que -insisto- es una disputa interna en los propios sindicatos, que por ejemplo se expresa en que muchos dieron la consigna de no ir a las asambleas en donde se está organizando el paro, pero vienen muchas compañeras sueltas, muchas compañeras de comisiones internas que sí ven una confluencia bastante espontánea entre su militancia feminista y su militancia sindical, y no necesariamente así es visto desde la cúpula de los sindicatos. Pero esta idea de descentrar la herramienta del paro del trabajo formal y asalariado, me parece que es un eje fundamental para pensar la cuestión de la economía popular, y es un eje de mucha disputa. En las asambleas que estamos teniendo los viernes, esta idea de la economía popular como trabajo es muy resistida, desde algunos sectores se quiere hablar de trabajo precario solamente y sobre todo no se reconoce el papel político de la organización de la economía popular, ni tampoco la genealogía ni el linaje que tienen las economías populares respecto del movimiento de desocupados por ejemplo, que son linajes políticos que intentamos desde el movimiento de mujeres valorizar. Ahí me parece que es interesante entender cómo esta cuestión del paro lo que hace es abrir una serie de discusiones sobre las formas de herramientas políticas, las formas de tener visibilidad en las calles, quién tiene legitimidad y de qué manera para estar en la calle, y cómo esa especie de deseo de comunidad que aparece bajo distintas formas organizativas, bajo distintas iniciativas de autogestión, y bajo formas de hacer algo en común, que no sabemos muy bien de qué se trata, vamos experimentando, y hay algo de ese deseo de experimentación, de deseo de comunidad, que permite juntar por ejemplo cuestiones que desde algunos lugares son vistas como incompatibles, por ejemplo la cuestión del trabajo y la cuestión de la violencia contra las mujeres.



La pedagogía de la crueldad

Hay una amiga y socióloga argentina que vive en Brasil, Rita Segato, que nos dio una clave de lectura muy interesante para nosotras: ella habla de que estos feminicidios, esta forma de guerra contra las mujeres lo que hacen es una pedagogía de la crueldad. Enseña, manda un mensaje de cuánta crueldad es posible y muestra el cuerpo de las mujeres como una especie de territorio de conquista. Ella señalaba las muertes por empalamiento, que es una escena atroz de esa crueldad, también son escenas coloniales, evocan una especie de inconsciente colonial, y podríamos pensar en la secuencia de  femicidios que se fueron dando: en cárceles, adelante de los hijos, el de las amigas en Florencio Varela, las formas en que se ponen en escena distintos modos de la crueldad, ni siquiera estando con tus amigas, ni siquiera estando con tu familia, ni siquiera si el hombre está en la cárcel, ni siquiera ninguna de esas cuestiones son resguardo para el asesinato. Se acordaran también de una serie de femicidios que se daban en lugares públicos, en una plaza, en un bar, es decir, formas en que se alecciona un tipo de terror, en que se aterroriza a las mujeres sobre las formas en que son el objeto privilegiado de la violencia. Entonces, esta idea de pensar la pedagogía de la crueldad vinculada a las formas de explotación capitalistas actuales, nos parece un eje bastante interesante que saca a las mujeres del gueto de pensarse sólo como víctimas de la violencia, y más bien permite pensar que esa violencia que hoy se ejerce sobre las mujeres, es un tipo de violencia que tiene que ver con la explotación de los territorios, de los trabajos, con la precarización, con las formas de falta de recursos en los territorios. Acá se nombraba muy bien lo que significa la trayectoria de Iki, y la lucha contra la cuestión tranza en los territorios. Me parece que eso es una clave fundamental también de cómo se articulan economías ilegales de especulación financiera e inmobiliaria en lo que son las violencias hoy en los barrios y cómo se traduce en violencias contra las mujeres en particular.

La iglesia y la invención de un nuevo enemigo: la ideología de género

Hay una clave que además me parece importante que es cómo en América Latina algo de esta reacción  conservadora aparece ahora como un nuevo enemigo que se llama ideología de género, es un nuevo concepto que salió de la iglesia argentina y que está bastante difundido como que hay una ideología de género que hoy es el enemigo, que empodera a las mujeres y habilita una nueva caza de brujas. Hay otra feminista italiana , Silvia Federicci, que hace toda una historia de lo que significó la caza de brujas, el papel de que las mujeres vean a compañeras suyas siendo quemadas como forma de aleccionamiento, de difusión del terror como una parte sustancial del inicio del capitalismo, de la acumulación capitalista. Podríamos pensar si hoy hay una nueva caza de brujas en los cuerpos de las mujeres, y además si esta nueva caza de brujas tiene que ver con un momento de re-lanzamiento de cierta acumulación capitalista y en qué punto estamos en términos de autodefensa. Y autodefensa no sólo en términos de las organizaciones y los territorios, también me pareció muy interesante esto de que luchamos contra nosotros mismos, es decir cómo el tema de la cuestión del feminismo popular comunitario es también una transversal a todas las organizaciones e implica una lucha al interior de cada una de las organizaciones.


El movimiento de mujeres y la refundación del internacionalismo

El último punto que quisiera plantear es que hay una pregunta muy abierta de qué significa el movimiento de mujeres como sujeto político, que es un poco una dinámica que se da a nivel internacional. Por un lado da mucha fuerza sentir que hay una escala transnacional, global, internacional de este movimiento de mujeres, que tiene apariciones muy diversas en EEUU, en América Latina, en Italia y Europa, y a la vez que esa dimensión internacional tiene formas de estar arraigada en territorios concretos, es decir no es un internacionalismo abstracto. Por eso muchas estamos tratando de pensar cómo se teje un nuevo internacionalismo que esté nutrido de esta serie de luchas concretas, de demandas que tienen que ver con el Estado, pero que van muchísimo más allá de demandar al Estado y de tener una agenda de demandas. En general cuando aparece un movimiento más o menos nuevo, más o menos poderoso en las calles, una primera forma de interpelación para  minorizar es preguntar cuál es su agenda de demandas, y si una no puede responder en cinco minutos cinco demandas muy claras, es que no sabe lo que quiere. Hay algo de la apuesta en la calle de las mujeres y esta forma de desborde de lo político, que también es interesante de pensar, que no rehúsa de tener demandas concretas pero va mucho más allá de demandas concretas, justamente porque está abriendo un espacio de experimentación de qué significa auto-organizarse, qué significa esta especie de lucha contra nosotros mismos en las propias organizaciones, y sobre todo qué significa tener este espacio de disputa en la calle y esta conexión tras-nacional que para todas es un desafío y un interrogante a la vez, pero que es algo que genera muchas preguntas sobre cómo se organiza esta transversalidad que nos desborda permanentemente. Ahí me parece que es un punto interesante también para pensar cuales son las formas organizativas. Otra forma de infantilizar, de menospreciar muchas veces estas conexiones, tiene que ver con el planteo de que “son fenómenos solamente de las redes” y la verdad que no es así. Las redes son una herramienta pero si hay algo de esto que tiene fuerza es porque tiene una aparición callejera, porque tiene una construcción cotidiana, y además puede tener su repercusión en las redes, pero no son eventos o acontecimientos puramente comunicacionales, que dependan sólo de los medios para existir; me parece que eso les da fuerza pero vemos todo el tiempo una reacción, una forma de infantilizar, invisibilizar, incluso ahora hay artículos que están circulando diciendo que hay un efecto contagio, las mujeres cada vez se creen más fuertes y cada vez las matan más, como una suerte de culpabilización: una más se rebela, una más se moviliza, más las van a matar. Una especie de aleccionamiento, formas distintas en que el terror y una especie de chantaje sobre la movilización y la rebeldía empieza a operar de manera permanente. Como paso el 19 de octubre, no sabemos cuánta gente va a haber en la calle, tenemos la intuición de que  va a ser muy masivo el 8 de marzo, tenemos también la idea de que en los medios sólo se habla de lo que va a pasar el 7 de marzo porque es la CGT la que convoca, son los partidos del sistema político los que están alrededor de esa convocatoria, pero a la vez también confiamos que hay un tipo de trama que a veces no se ve tan fácil en los medios, pero que sí se organiza, y que sí está circulando esta idea del 8 de marzo como una forma, como una iniciativa que tiene que ver con este acumulado del movimiento de mujeres y que nos abre el interrogante de qué hacemos después del 8 de marzo. Vamos a estar muy contentas si es muy grande en Argentina y el resto del mundo, quedaron armados un montón de lazos con distintos países de América Latina, y hay algo de esta idea de pensar el movimiento de mujeres como otro calendario político. En general se habla en América Latina del ciclo de los gobiernos progresistas y después del giro neo-conservador; me parece que pensado desde el movimiento de mujeres también podemos poner otras claves de lectura que no son sólo en términos del sistema de gobierno, sino que está tratando de pensar dinámicas que están en los territorios, formas de autodefensa, y las formas de producción de la vida, que van más allá de una mirada que muchas veces es coyuntural pero demasiado estrecha sobre cuál es el calendario de las elecciones y los resultados electorales.  Es una apuesta pensar algo de este ciclo del movimiento de mujeres como un sujeto político que tiene esta escala a nivel global, y qué significa en términos de desafío a las formas de violencia y a las formas de muerte con que hoy aparece el re-lanzamiento de la acumulación y de la extracción capitalista.