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Así siguen retratando los medios masivos de comunicación las masacres en las instituciones de encierro

El 14 de marzo se cumplieron 39 años de la masacre del Pabellón Séptimo y hace una semana y media murieron en Pergamino siete presos, luego de una supuesta pelea y una también supuesta prendida fuego de colchones: Sergio Filiberto, Federico Perrotta, Alan Córdoba, Franco Pizzarro, John Mario Carlos, Juan Carlos Cabrera y Fernando Emanuel Latorre. El fantasma de la masacre del Pabellón Séptimo en la Cárcel de Devoto revuela sobre los hechos en Pergamino. Dialogamos con Claudia Cesaroni, abogada integrante del CEPOC y autora del libro Masacre en el Pabellón Séptimo, sobre lo que pasó hace 39 años, y lo que sigue pasando en las instituciones de encierro en Argentina y a nivel mundial. La condición de “presos comunes”, los discursos que producen muerte y la importancia de desmontar las versiones que quieren hacer pasar estas masacres por motines y peleas entre presos. El fuego como pretexto para encubrir el accionar policial y la vulneración de todo tipo de derechos a la que están sometidos quienes son privados de su libertad.


-¿Podrías contarnos brevemente los hechos ocurridos el 14 de marzo de 1978?


Los hechos que sucedieron el 14 de marzo en realidad empezaron el día 13. En ese pabellón, el séptimo de la cárcel de devoto, había sobre-población: 160 presos para un lugar de 70. Había un solo televisor, estaban mirando una película que duró más de lo previsto, entonces vino un penitenciario y quiso ordenarles de mala manera que apagaran la televisión. Uno de los presos con mayor predicamento, que era Jorge Omar Tolosa, se negó, le dijo que tenían permiso, que otro penitenciario los había autorizado, que los dejara tranquilos, que los dejara de joder, que estaban mirando tranquilamente una película y querían terminarla. Una cosa que parece una tontería, un hecho nimio, pero eso en la cárcel hoy y en la del ‘78, a un mes y medio del mundial, y el año en que la dictadura estaba finalizando su tarea represiva del modo más brutal para dejar las calles de la Argentina “limpias”, para que llegaran los periodistas de todo el mundo a cubrir el mundial, era inaceptable. En la madrugada lo van a buscar a Tolosa, supuestamente para informarle una sanción. Tolosa, sabiendo lo que le espera porque era un preso viejo, se niega a salir. Entonces a la mañana siguiente, en represalia a esta desobediencia, ingresa una requisa mucho más brutal de lo habitual, y con mayor número de miembros de servicio penitenciario, y la brutalidad con la que se descargan sobre los presos, hace que estos intenten de alguna manera defenderse y empujan a la requisa para que salga, para que deje de pegarles de esa manera tan brutal. La empujan, la corren digamos, no hay penitenciarios lastimados, no hay toma de rehenes, no se quieren escapar. Simplemente pretenden que dejen de golpearlos con esa brutalidad. Los penitenciarios salen protegidos, cubiertos por disparos que vienen desde arriba. Los presos para evitar que esos disparos los maten, los toquen esas balas, ponen los colchones, que es un modo de defenderse lamentablemente habitual en el ámbito penitenciario, porque no hay otra manera de defenderse de los disparos. Esos colchones se prenden fuego. Hay diversas versiones: algunas tienen que ver con el querosene de los calentadores, otras hablan que por las granadas de gas lacrimógeno que tiran. Sea por el querosene, sea por la granada, sea por todo junto, los colchones se prenden fuego y nadie apaga ese fuego. Nosotros descubrimos en la causa judicial que pudimos recuperar en el año 2011, que llegaron a la Unidad 2 de Devoto unos auto-bombas de Bomberos, que habían sido avisados por el sistema de alarmas de la Policía Federal, y no las dejaron entrar. No dejaron entrar a los bomberos. Así murieron asfixiados, carbonizados y los que sobrevivieron a esa primera etapa, cuando iban saliendo tenían que pasar por una doble fila de penitenciarios, y algunos fueron muriendo por los golpes y cadenazos que les pegaban los penitenciario sobre sus espaldas quemadas. El total de muertos fue de 64. Y eso es lo que durante mucho tiempo se conoció como “motín de los colchones”, porque se construyó una idea de motín, hasta que logramos -en un trabajo conjunto de sobrevivientes, familiares y organizaciones de derechos humanos que integramos- desmontar esa idea del motín y perfectamente mostrar que eso había sido una masacre, en un modo de presentar los hechos muy parecido a lo de Pergamino


-Hablaste de la recuperación de la causa en 2011. ¿Qué pasó desde el ‘78 hasta ahora que esta masacre quedó en el olvido, o no se conoce como tal, incluso en muchos ámbitos militantes?


Yo milito en distintos ámbitos políticos y de derechos humanos hace muchos años, incluso desde ese mismo año, que tenía 15 años cuando eso pasó, y mucha gente desconoce absolutamente la existencia de esa masacre, y es parte de lo que me motivó a trabajarlo. Creo precisamente que pasó al olvido porque eran presos llamados “comunes”. En esa misma planta había 1000 compañeras presas políticas, si hubiera pasado esto en la planta de presas políticas, seguramente el impacto, el modo de trabajarlo, lo recordatorio, la memoria, los libros, etc., hubieran sido mucho más visibles, ese hecho y todo su impacto. Y esto tiene que ver con la condición prácticamente de escoria, absoluta marginalidad e invisibilidad que tienen las personas que están privadas de libertad por delitos “comunes”. Nosotros lo que intentamos demostrar es que no importa el origen de la detención. A mí no me importa si una persona esta presa porque robó, o porque milita en una organización política. Esa persona al momento de ser torturada o de ser asesinada, esa tortura y esa muerte tienen exactamente el mismo valor, y la responsabilidad estatal es exactamente la misma. Entonces eso fue lo que intentamos demostrar, esa es la base del libro y las presentaciones judiciales, hasta que finalmente en Agosto de 2014 logramos que la justicia federal nos diera la razón, dijera que esto sí había sido un delito de lesa humanidad y que debía investigarse como tal.


-Es notable cómo en relación a la condición de presos comunes, podemos hacer un paralelismo entre aquella masacre del Pabellón Séptimo y lo que pasó el 2 de marzo pasado en Pergamino


Exactamente. Por eso te decía la similitud. Las primeras horas, y no porque yo tenga una especial habilidad para darme cuenta de las cosas, simplemente porque mas o menos conozco un poco el paño y la manera en que se venden como motines lo que no son. Cuando empecé a ver por televisión y a leer algunos twits, que hablaban de esto de Pergamino como motín en la comisaría, y las explicaciones que eran que habían metido a un pibe acusado de violación, que se había pelado con no sé quién, pensé: otra vez lo mismo, otra vez la misma historia, están diciendo lo que la policía dice que pasó. En el caso de Pergamino, tenemos la suerte, en el marco del horror y la desgracia, porque el mensaje de texto que todos vimos es de un pibe que después murió-, de ese mensaje de texto donde dice “mama vení que nos van a matar a todos”. Yo no podía dejar de pensar en esa mamá, que tenía ese mensaje y cuando llegó ya era tarde, y a la que además le dijeron que su hijo había muerto a los gritos, en la puerta de la comisaría, sin ningún cuidado, sin ningún respeto, yo creo que si se muere un perro tendrían más empatía, de solidaridad con el dueño de perro para avisarle que se murió. Te están avisando que se murió tu hijo, a los gritos, en la puerta de una comisaría, leyendo un listado, igual que en el ‘78. Nosotros tenemos imágenes, tenemos testimonios de que así se hizo en el año ‘78, de que así lo hizo la dictadura gritando “tal muerto, tal al hospital…”. Es de una brutalidad que a mí me sigue poniendo la piel de gallina.


-También hay similitudes en el tema de los bomberos. Una de las familiares relata que los bomberos estuvieron 40 minutos porque en teoría nadie sabía dónde estaba la llave de la celda donde estaban encerrados los presos que murieron.


Esa es otra infamia, que la policía diga que no sabe dónde está la llave, si es verdad es inaceptable, y si es mentira es igual o más grave, pero en cualquier caso es inaceptable, y debiera ser fuente de una imputación grave. Yo insisto en que esto debiera caratularse como torturas seguidas de muerte, porque no es la muerte sola, sino la manera en la que llega la muerte. Hay que pensar en una celda pequeña donde te estas prendiendo fuego, y te estas muriendo asfixiado agarrado a los barrotes. Cuando por ejemplo Massa, o alguno de esos personajes, dice “yo quiero que tal, una persona que cometió un delito, se muera aferrado a los barrotes en la cárcel”, bueno ahí tenes, eso es pudrirse en la cárcel aferrado a los barrotes. Los discursos también producen muerte.


-Parece haber una constante en las prácticas de muerte que se suceden en las instituciones de encierro a nivel nacional, y tal vez también a nivel regional y mundial, ¿con qué lo asocias?


Yo no lo reduciría a este país, teniendo en cuenta lo que sucedió hace una semana en Guatemala con las más de 30 niñas muertas. Tiene que ver justamente con la existencia de seres humanos que están por fuera de lo que una parte de la sociedad ve como sujetos, y no solamente los presos. Fijate en el caso de los refugiados: todos los días vemos imágenes de gente flotando en el mar Mediterráneo o el que sea, o las masacres que suceden regularmente por parte del Estado de Israel sobre el pueblo palestino, o lo que sucede en Siria, y hay un nivel de destrucción y de horror que ya entra en un terreno de la ajenidad, porque a veces se torna insoportable. Y otra porque una parte de la sociedad, yo trato de no leer los comentarios de las notas en los diarios porque creo que son dañinos, pero a veces puedo ver, como ayer mismo por ejemplo, en una nota sobre la masacre del Pabellón 7, a un tipo que comentó “64 menos”. ¿Que tenés que tener en la cabeza para decir algo semejante? Hay periodistas que incluso lo dicen por televisión. Me parece que tiene que ver con eso, de que hay determinadas clases de sujetos que están por fuera de lo que vos entendés como un ser humano, y eso te habilita a que no te importe ni un poquito su muerte, su desaparición.


-En relación a esto de los comentarios, nos contaba la hermana de Federico Perrota (uno de los presos muertos en Pergamino) que los policías de Pergamino están posteando en Facebook cosas como “fueron siete milagros para Pergamino, mientras pasen estas cosas vamos a vivir mejor”. Hay un contexto de amenazas a testigos, y los 12 que siguen presos están en Junín en manos del mismo Servicio Penitenciario que los hostigó.


No es lo mismo porque en Pergamino estaban en manos de la policía y en Junín seguramente estén en una unidad penitenciaria, pero hay un espíritu de solidaridad. De hecho muchas veces nos ha pasado que presos federales tiene problemas, son castigados, y como oferta se los manda a las cárceles provinciales, y cuando llegan reciben los mismos malos tratos y torturas que venían recibiendo, porque existe lo que se llama el preso que llega empapelado. Así que sí, no es ninguna garantía de seguridad que estén en Junín, aunque sea que estén en el ámbito del Servicio Penitenciario Bonaerense.


-A su vez antes estaban presos en una comisaría…con toda la problemática de presos en comisarías.


Esa es la primer cuestión que nosotros marcamos y que no debería haber sucedido. La primera ilegalidad es que haya presos en comisarías. Esa es la primera cuestión que es la que debe atenderse, marcarse, denunciarse, porque no tienen por qué estar en comisarías. Por supuesto que ninguno estaba condenando, había gente que estaba por contravenciones. Y si fueran hechos que tienen lógica para tener una prisión preventiva, tendrían que haber estado en una unidad penitenciaria, no en una comisaría.


-Que tampoco garantiza nada no… pero


Por supuesto, estar preso en cualquier espacio es estar sometido a riesgos, muchos más riesgos que las personas que estamos en la calle. Pero por lo menos…


-¿Cuál es el estado de la causa de la masacre del Pabellón 7?


Está en el juzgado federal 3 donde la cámara federal ordenó que se realice la investigación respetuosa del derecho a obtener justicia de las víctimas y sobrevivientes. La tiene el doctor Rafecas y está en pleno proceso de instrucción, están tomando testimoniales. La verdad es que la actividad la hacemos solamente los querellantes. La fiscalía de Delgado no tiene mucha actividad en reclamar medidas, o en impulsar la causa, está en otras cuestiones, de hecho no consideraba que era un delito de lesa humanidad. Como podemos, con bastantes dificultades, porque es un equipo absolutamente voluntario y solidario con familiares y sobrevivientes, en la medida que vamos pudiendo vamos impulsando la causa. Nosotros pensamos que lo más importante es que ese hecho pudiera resignificarse, y los familiares y sobrevivientes entendieran que no eran los responsables de su propia muerte, sino que habían sido víctimas justamente de una violación de derechos humanos.


-Qué importante hacer memoria para exigir justicia por Pergamino

Yo creo que estamos mucho mejor que cuando nosotros empezamos con este tema, porque ya hay una especie de práctica de no aceptar en seguida que estos hechos son motines. Ya los familiares tienen otro nivel de organización. Me parece que nosotros, humilde y sinceramente, hemos contribuido a que haya una mirada distinta. Hace cuatro o cinco años ningún periodista se preocupaba por pensar si un hecho era un motín o una masacre. No estaba en ningún tipo de agenda, si bien hoy no es un tema de agenda fundamental, sí me parece que hemos abierto una importante discusión sobre este tema. Yo quiero hacer una mención especial al Indio Solari, porque me parece que en estos días hay que ser muy agradecidos con quienes han acompañado todo este reclamo. Él nos dio un impulso enorme cuando mencionó el libro, mencionó la masacre en septiembre de 2013 en su concierto en San Martín de Mendoza, y eso fue un enorme impulso para el conocimiento de los hechos, y sobre todo para que miles de pibes que cantaban y cantan “Pabellón 7” dijeran: ¡uy, nos está diciendo que leamos! Y eso también nos abrió, esa corriente ricotera y roquera, abrió otra vía de conocimiento que es muy importante, porque es mucha gente joven.  

Audio de la entrevista:

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