Open top menu


Hace menos de un año, Mauricio Macri daba su primer discurso como presidente electo en el marco de la ONU, donde afirmaba haber hablado con la canciller de Gran Bretaña para “conversar sobre todos los temas, incluida la soberanía” en las Islas Malvinas. A las pocas horas, la canciller desmentía los dichos de Macri y aprovechaba para reafirmar la postura de Gran Bretaña en torno a este histórico reclamo argentino por la soberanía. En el día en que se cumplen 35 años de la guerra de Malvinas, compartimos la entrevista que le realizamos en aquel entonces a María Cecilia Miguez, historiadora, docente de la Universidad de Buenos Aires y analista internacional que tuvo la oportunidad de visitar las islas.

Soldados del ejército argentino leen los periódicos en Puerto Argentino



-¿Qué lectura hacés de este viaje de Mauricio Macri, de sus declaraciones en la ONU, y en particular de este traspié diplomático respecto de la cuestión de Malvinas?

En primer lugar hay que inscribir este viaje de Macri en toda una estrategia de re-alineamiento de la Argentina a nivel internacional. Es decir, tratar de limpiar todas aquellas situaciones que podrían haber generado un vínculo más tenso con relaciones tradicionales como EE.UU. y Europa. La posición de Macri en la ONU es un discurso muy escueto, de unos 15 minutos, tratando de llevar a nivel internacional esa estrategia de usar palabras como “amigable” o “unir a los argentinos”; esto que sirvió como eslogan de campaña, llevarlo a nivel internacional. De hecho las principales cosas que planteó en su discurso son prácticamente las mismas que usó acá para la apertura de la asamblea de sesiones del Congreso, la idea de “pobreza cero”, en un momento donde todos los indicadores económicos muestran lo contrario, el combate al terrorismo para alinearse claramente con la estrategia de los EE.UU., que hay que vincularlo con las tratativas que hay para ceder territorio para la construcción de bases norteamericanas, y finalmente lo de Malvinas es un escándalo diplomático, porque en la diplomacia o en las relaciones internacionales esa informalidad con la que Macri se refirió a la cuestión de la soberanía es una falta grave; por eso enseguida la canciller británica sale a aclarar que nunca se refirió a la soberanía, y de paso este hecho le sirve a los británicos para aclarar su posición respecto al tema, en un momento en el que hacía unos días se había acordado una declaración conjunta entre Malcorra y Duncan, sobre negociar la cuestión de los hidrocarburos en Malvinas, que es el tema que en realidad a Gran Bretaña le interesa discutir en la actualidad.

-¿Cuál es el derrotero de las últimas décadas y en qué punto estamos hoy en términos de “no soberanía”?

En realidad la Argentina abandonó el reclamo de la soberanía con lo que se llamó la famosa fórmula de paraguas de soberanía, que era una fórmula que ya los radicales hacia el final del gobierno de Alfonsín venían proponiendo, pero que la formaliza Menem. No se habla más de soberanía y avanzamos en acuerdos pesqueros y petroleros de explotación económica; en función de eso se firman una serie de acuerdos, especialmente en el año ‘95, sobre explotación de hidrocarburos. El avance más importante del kirchnerismo con respecto a eso fue anular esos acuerdos, más allá del avance simbólico de volver a nombrar a Malvinas enclave colonial, efectivamente se anularon los acuerdos del ‘95. Entonces eso hizo que por lo menos se mostraran intenciones de denunciar a las empresas que pretendían explotar el petróleo sin permiso argentino. Lo que sucede ahora con estas intenciones de Macri es que se va a avanzar en una negociación nuevamente sobre la explotación, y eso va en contra de la ley de hidrocarburos del 2014. Ahí hay un problema concreto y es que había intenciones de avanzar en algo y ahora se está volviendo atrás, respecto de un problema central que es la explotación de hidrocarburos en el mar argentino.

-Algo que por ahí se deja de lado es la población que vive allí. Vos tuviste la posibilidad de estar en Malvinas. ¿Podés compartirnos más vivencialmente qué implicó haber estado allá y cuáles fueron tus sensaciones de haber estado allí?

La verdad es que la impresión es muy fuerte porque si hay un lugar para la palabra inhóspito y árido es ese. Realmente es una isla muy lejana, donde la gente vive en un clima de verdad inhóspito y de verdad en una condición de un pueblo recontra al sur de nuestro continente con lo que eso significa. El clima es tremendo y lo único que hay en términos económicos en una de las islas es explotación de ganado ovino y luego las fábricas de procesamiento de pescado, y lo que es explotación de hidrocarburos, aunque todavía no han encontrado petróleo, pero están las empresas ahí La gente que vive allí en realidad es una población que tiene muchos problemas para mantener a su juventud, justamente por las dificultades que implica vivir ahí, y las posibilidades que les dan. Es una colonia británica, no eligen ni siquiera a sus representantes, su gobernador lo elige Gran Bretaña, por lo que ni siquiera tienen un régimen democrático.

-En una nota que escribiste con Mario Rapoport para Página/12, titulada Un viaje diferente por las Malvinas, comentan que sólo tienen educación hasta la secundaria, y que por lo tanto los jóvenes, cuando terminan sus estudios, migran a otros países.

Lo que pasó es que después de la guerra, Inglaterra les ha dado más posibilidades a esos jóvenes para que se vayan a estudiar a otra parte, por lo cual hay un desarraigo total de las juventudes. Sí claramente en ellos hay una identidad muy afirmada en pertenecer al imperio británico. Lo que me parece es que ahí hay que separar las discusiones: es un pueblo que tiene una raigambre lógicamente de un pueblo implantado, por lo que fue esa avanzada colonial y que por lo tanto tiene derechos de vivir en ese rango con su identidad, que lo que está en discusión no es cómo debe vivir la gente que vive ahí, ni su idioma, ni sus opciones ideológicas, sino que lo que está en discusión es la soberanía sobre ese territorio, así como la explotación económica, y además algo que no dijimos es que es usado como base militar. En Malvinas viven aproximadamente 3000 personas, de las cuales 1500/2000 son militares.

-¿Qué implicancias tiene esto continental y globalmente?

Es lo que le permite el control del Atlántico Sur a la OTAN. Si lo unimos en el marco de lo que es la avanzada de la IV Flota en el Atlántico en general, y el crecimiento de la base militar de Malvinas en los últimos años, no es difícil inferir de ahí que es una manera de control geopolítico y económico.

-¿Qué te llevaste más intimista de ese vínculo con Malvinas?

Es angustiante pensar en quienes fueron como soldados jóvenes a esas circunstancias, en nombre de sostener un interés nacional pero enarbolado por un gobierno ilegítimo. La verdad es que es muy angustiante Malvinas: ese mar helado, frío, con olas tremendas... y están las trincheras argentinas. Pensar a los soldados argentinos sin ninguna condición como para luchar en esa guerra y al mismo tiempo la urgencia que tiene la Argentina por reconocer a los ex veteranos de guerra.

-Es uno de los grandes temas pendientes y dice mucho respecto del final de ese ciclo de lo que fue la dictadura cívico-militar, tan trágica para Argentina

Sí, y además de la dictadura -que ya sabemos lo que ha sido respecto del pueblo argentino en general-, la complicidad que tuvieron después las dirigencias políticas en dejar de lado lo que fue para los que realmente fueron como soldados.


Audio de la entrevista


Claves