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Se cumplió ayer un mes desde el jueves 2 de marzo en la tarde noche, cuando los familiares de: Sergio Filiberto, Federico Perrotta, Alan Córdoba, Franco Pizzarro, John Mario Carlos, Juan Carlos Cabrera y Fernando Emanuel Latorre llegaron a la comisaría de Pergamino, alertados por los pibes de que la policía los “iba a matar”.

Las primeras versiones desde los medios masivos de comunicación hablaban de “pelea, motín y muerte” pero las voces de los familiares como la de  Daniana Brunell, hermana de Federico Perrota, empezaron a hacerse escuchar: “tenemos mensajes donde Federico, mi hermano, le manda a mi mamá de que los estaban golpeando, los estaban matando. Eso era la meta de ellos, matarlos. Cuando mi mamá llega a la comisaría no les dicen nada, no los dejan pasar, no los dejan ver. Cuando ella llega ya había tres familiares, mamás y tíos de otros chicos que estaban en la misma celda, que habían llegado también por mensajes que los chicos habían mandado. Hasta ese momento no pasaba nada, sólo los golpes a los chicos y las puñaladas. En un momento empieza a salir humo, primero sale muy poco humo y no le dan importancia. A los cinco minutos empieza a salir mucho humo negro, en cantidad, llegaba hasta la mitad de la cuadra. Pasaron 15 minutos hasta que llegaron los bomberos, y otros 40 minutos desde que llegaron hasta que pudieron entrar a la celda porque la llave de la celda no la encontraban, nadie sabía dónde estaba la llave, ninguno la tenía”


En este mes la fiscalía, representada por Néstor Mastorchio, realizó un simulacro de cómo ocurrieron los hechos en la comisaría y pudo comprobar que los gritos de los presos podían escucharse hasta la calle, por lo que resulta  imposible que los efectivos presentes no hubieran oido los gritos desesperados de los siete presos, lo que contradice la versión policial, que desde el comienzo quiso desligarse del hecho. Este elemento, sumado a las declaraciones de los sobrevivientes, a los 40 minutos que tardaron los efectivos policiales en abrir la celda porque “no encontraban la llave” cuando llegaron los bomberos, y a las amenazas y represalias que han sufrido testigos, familiares y el mismo fiscal del caso aportan elementos para probar la hipótesis del fiscal: los policías dejaron morir a los presos. El fiscal ordenó la indagatoria y detención de los seis policías que se encontraban al momento del hecho: el jefe comisario Alberto Sebastián Donza, el oficial de servicio Alexis Eva, la ayudante de guardia Carolina Guevara, el teniente primero Sergio Rodas, y los imaginarias de calabozos Brian Carrizo y Matías Giulietti. El comisario Donza se encuentra actualmente prófugo de la justicia.

Hoy se realiza la cuarta marcha en Pergamino para pedir justicia, esta vez con la participación de organismos de Derechos Humanos como la Comisión Provincial por la Memoria, de Adolfo Perez Esquivel y Nora Cortiñas. Habrá que esperar para ver si el fiscal apunta a las responsabilidades políticas del caso, porque no se trata de un policía sino de toda la institución y esto es, tal como denuncian los familiares, un crimen de Estado.
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