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Hace algunos días conversamos con Raúl Zibechi acerca de la coyuntura latinoamericana, la situación en Venezuela y el anuncio por parte del Congreso Nacional Indígena y el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional de la participación en el proceso electoral de 2018. Compartimos aquí la opinión de Raúl en torno al desafío que están planteando las y los zapatistas y en qué se diferencia de las construcciones políticas partidarias de las izquierdas latinoamericanas.

-Mencionaste algo que es transversal a los mal llamados gobiernos progresistas, que es recostarse en la disputa electoral y en procesos que implican la ratificación o no de su proyecto casi exclusivamente en las urnas. Hay una situación que puede parecer paradójica o distante de estos procesos que es el zapatismo, y el Congreso Nacional Indígena, que hace poco tiempo eligió a María del Jesús Patricios Martínez como vocera  del Consejo Indígena de Gobierno y como posible candidata para el 2018. ¿Cómo lees este planteamiento, que quizás de manera un poco apresurada ciertos sectores han intentado parangonar con otros procesos de disputa electoral que se viven en la región, pero que sabemos que es más profundo y tiene diferencias con el resto de los ensayos de construcción de partidos políticos o de disputa en las urnas que ha venido haciendo la izquierda?
Raul Zibechi: Creo que lo que planteas es algo muy acertado, porque el zapatismo no se plantea elegir diputados, senadores, gobernadores, ni siquiera sabemos si van a contar los votos, yo estimo que no. Porque ¿cuál es el problema de la institucionalidad democrática? que vos te presentas a las elecciones y terminas siendo rehén del sistema electoral y del sistema político. Ellos están haciendo todo lo contrario, presentan una candidata, ni siquiera están hablando de listas parlamentarias, aprovechan la situación para movilizar y  llegar a sectores a los que nunca llegan, y el día de las elecciones veremos si la gente vota o no vota, lo importante no es cuántos votos sacaron, aquí hay toda una discusión en nuestro continente sobre si hubo fraude, no hubo fraude, si ganó por el 1 % si perdió por tanto…Sabemos que el sistema político es corrupto, la política, la economía en esta etapa del capitalismo, son corruptas. Entonces, evidentemente va a haber fraude, pero no porque se cuenten mal las papeletas en las urnas, porque las quemen, hay fraude porque ya el sistema y los medios de comunicación están preparando un fraude desde el día que se convoca a las elecciones. En Francia, Macron era un hombre gris y desconocido, lo fabricaron los medios y ganó. Se demonizan ciertos candidatos y se fabrican otros candidatos. Yo acuerdo totalmente con lo que decís y con la propuesta zapatista -ya que la gente cree en las elecciones, vamos a usar las elecciones para nuestros fines. No nos encasillemos en la lógica de la democracia electoral que es tramposa, y hagamos nuestro juego-. Porque si vamos a las elecciones con toda la parafernalia, que es lo que se ha hecho en todo el continente y varios movimientos importantes en Argentina, es terminar siendo rehén de esas reglas de juego, y yo no quiero ser rehén, quiero utilizarlas para la organización y la movilización popular. Me parece que aquí lo que aparece con mucha flexibilidad, con mucha imaginación en el zapatismo, es decir: “vamos a ir, pero vamos a ir a nuestra manera; ponemos de candidata a una mujer pobre que habla lengua originaria, ya estamos rompiendo el chiquero”. Y ni siquiera creo que vaya a debate con otros candidatos, ya veremos qué pasa. Me parece que no podemos aceptar jugar en una cancha donde las reglas de juego las ponen otros, que siempre nos van a anular nuestros goles, y nos van a expulsar a nuestros jugadores, y las reglas de juego van a hacer que nunca podamos ganar. Si ganamos alguna vez, como ha pasado en algunos países, después tenés que administrar algo sobre lo cual no tenés poder, el poder lo bancan las corporaciones, las multinacionales y así. Este es el gran desafío que plantean en este momento los zapatistas.

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