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Violencia y guerra en Colombia fueron/son retratadas, representadas, narradas, contadas, muchas veces y desde miradas muy disímiles. La violencia y la guerra atraviesan las tripas y el corazón de los, y sobre todo de las colombianas. Desde ese “estar atravesado por”, Felipe Guerrero dirige Oscuro Animal, largometraje de coproducción argentina-colombiana, estrenado en Marzo de este año.



En una sala llena, en el marco del Festival de Cine Colombiano, que hasta el sábado puede visitarse en diferentes espacios culturales de la Ciudad de Buenos Aires, la propuesta de la película inquieta desde el arranque: una toma donde se oye el ruido del agua que corre por un camino de piedras, selvático. Esta escena inicial dura algunos ¿minutos? e invita a los sentidos, a sentir el ruido del agua y a ver la selva, uno de los principales escenarios donde se sucede la historia que nos espera.



Antes de contar la trama, cabe decir que si bien luego de ver la película es posible relatar “la historia”, la propuesta del director tiene que ver con la relación que puede establecerse entre la imagen/sonido y el espectador/a, y en este sentido, la invitación es a explorar esas otras formas de narrar a través de la imagen y el sonido, más allá de -en palabras del director- “la dictadura de la historia por contar a través del verbo”. Bajar el interés en el texto e invitar a la emoción en un cine definido a partir de la experiencia.


Oscuro Animal propone la historia de tres mujeres que sufren en sus cuerpos las consecuencias de  la guerra. Una maltratada por una célula de paramilitares y sometida constantemente; otra violentada por algún jefe guerrillero, y una tercera, campesina, que huye desplazada por el conflicto armado. Las tres mujeres salen del campo a la ciudad (que no resulta menos hostil como selva de cemento), y son ellas las que hacen el intento de cortar con el entramado de violencias a las que son sometidas a diario. Con muchas escenas donde el/la espectador/a puede sentir el dolor en el cuerpo de esas mujeres, la película avanza con cambios de ritmos notorios y con un tratamiento muy cuidadoso de la música y la fotografía hacia un final abierto. Tan abierto como los posibles desenlaces de casi de 60 años de guerra que hoy signan al pueblo colombiano.

Los acuerdos de paz firmados hace menos de un año entre las FARC-EP y el gobierno de Santos han generado que se instale con fuerza la idea de que la sociedad ha ingresado en un contexto de “post-conflicto” y, por tanto, se critique a quienes siguen contando las historias de la guerra, que son temas tan dolorosos para los y las colombianas. Sin embargo, en palabras del director “en Colombia siguen matando a las personas, siguen desplazando gente y es muy importante hablar”. En Oscuro Animal las únicas que no emiten palabra alguna son las mujeres. A pesar de ello, sus cuerpos nos narran los sufrimientos, pero también las alternativas de resistencia y sororidad frente a tanta violencia.



Trailer de la Película

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