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El 15 de agosto de 1972, una operación conjunta entre tres movimientos revolucionarios de la década del 70 - Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Montoneros - permitió la fuga masiva del penal de Rawson.
Al fallar el plan inicial (debía entrar un camión para la retirada de más de 100 presos políticos), 25 de ellos decidieron fugarse en taxis. Llegaron al Aeropuerto de Trelew(provincia de Chubut) con el objetivo de tomar un avión.  En el marco de un fuerte operativo militar que los cercaba, los seis militantes que habían lograron ingresar a la aeronave, decidieron despegar rumbo a Chile donde fueron recibidos con los brazos abiertos por el gobierno del presidente Salvador Allende. Luego viajaron hacia la Cuba de Fidel Castro.
Los 19 militantes que quedaron en tierra fueron capturados por los hombres a cargo del capitán de corbeta Luis Emilio Sosa. El 22 de agosto fueron fusilados. Sólo 3 lograron sobrevivir recibiendo atención médica dos días después de la masacre.
En octubre de 2012 el capitán Sosa fue condenado a prisión perpetua por el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia junto a Emilio Del Real y Carlos Marandino como autores de 16 homicidios y tres tentativas.
A 42 años de la masacre de Trelew, Enredando las mañanas, tuvo la oportunidad de hablar con Pedro Cazes Camarero, uno de los integrantes de ese plan de fuga, quien nos contó los pormenores de esos días que mantuvieron en jaque a la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse. Compartimos hoy, esta entrevista a 45 años, más que vigente.



Pedro Cazes Camarero: Estamos hablando de algo que ocurrió hace más de 40 años y puede que la memoria, que es un filtro muy selectivo, nos traicione un poco. Pero  hablando en general, la fuga fue desde el punto de vista táctico una operación militar pero sobre todo una operación política.
Viéndolo cuatro décadas después está claro que fue uno de los elementos más importantes para la derrota política y la caída de la dictadura militar (Lanusse).
En el fragor de la lucha y del calor del combate, nosotros no llegamos en el momento de fugarnos a percibir la importancia que tuvo políticamente después, tanto la fuga en sí como la derrota política, sino también el asesinato de nuestros compañeros. Por un lado como prolegómeno de terror el Estado, que después fue llevado hasta las últimas consecuencias por la dictadura siguiente de Videla y Cía. Pero también como derrota política de parte de la propia dictadura, porque en realidad ellos nunca quisieron aceptar que había sido un asesinato masivo, un fusilamiento y lo tuvieron que hacer pasar como un intento de fuga imaginario, que ellos habían reprimido. Así que tanto la fuga del 15 de agosto del 72 como el asesinato de nuestros queridos compañeros fueron dos duros golpes, uno que la dictadura se infligió a sí mismo y otro que le infligimos los combatientes revolucionarios.
Como conclusión de este aspecto yo diría que tiene mucha razón Alejandro Horowicz, en el libro "Los cuatro peronismos", cuando reflexiona diciendo "aquellos que le hicieron beber a los militares la horrenda pócima del peronismo tenían nombre y apellido y eran el PRT, la FAR y los Montoneros.
ELM: ¿Qué opinas de la condena que tuvieron, a fines del 2012, los militares que los fusilaron?
P.C.C: En principio creo que es tarde, aunque lo importante es que se haya realizado el juicio, porque durante mucho tiempo nosotros pensábamos que nunca íbamos a ver al capitán Sosa y sus cómplices entre rejas. Y, en cierto sentido , no solo es una reivindicación de todo ese gran movimiento democrático anti dictatorial y por el Socialismo que vivimos en aquella época, sino que en algún sentido es una legitimación estatal  de que no será aceptado el terror blanco, el terror contrarrevolucionario, el terror paralizante, como forma de lucha política. El hecho de que la Armada pudiera proteger a sus agentes,  a sus miembros con las manos ensangrentadas por la sangre de nuestros compañeros era una especie de agujero de la democracia, es decir,  ponía en duda la democracia. Que esa gente esté presa aunque sea cuarenta años después de sus delitos, es una reivindicación de todo nuestro pueblo que hay que percibirla en toda su magnitud. Porque si miramos a nuestro alrededor  sin ir más lejos países como Uruguay o como España no han tenido esa satisfacción, esa mirada de que los esbirros de la dictadura hayan recibido su merecido como en el caso de acá.
ELM: ¿Como recordás ese 15 de agosto y a los compañeros asesinados y cuál es el legado de ellos y ellas?
P.C.C.: Me acuerdo bien cuando logramos capturar la cárcel y se dio que el camión no entraba y no entraba y no entró… y salimos a buscar vehículos taxis, donde algunos compañeros pudieran seguir adelante, pero sabiendo que siendo más de cien compañeros, no iban a poder irse. Fue muy emocionante los abrazos que nos dimos con los compañeros que lograron subir a los taxis y los que nos quedábamos con la cárcel capturada para negociar con el Ejército para que no tomara represalias sobre los demás presos políticos que no habían podido fugarse. O contra aquellos que no estaba planificado que se fugaran, como algunos compañeros de origen gremial como Agustín Tosco, que estaban de acuerdo con la fuga pero no estaban dispuestos a hacerlo porque por  muchas razones pensaban que la dictadura debería dejarlos en libertad sin ningún otro trámite.
Fue sumamente emocionante recordar por ejemplo Alfredo Kohon, Carlos Astudillo, Ana María Villarreal de Santucho como nos abrazamos en el momento que se subían a los taxis para dirigirse a la base aeronaval de Trelew, al lado de la cual estaba el aeropuerto.
ELM: ¿Es verdad que a los que logran llegar a Cuba le regalan las llaves del penal a Fidel (Castro)?
P.C.C.: Bueno eso es lo que relataron en su momento los compañeros que lograron llegar. Vos sabes que yo no estuve ahí, sino que me quedé en la cárcel junto con otros tres o cuatro compañeros negociando con los militares una entrega pacífica del penal y eso llevó toda la noche.
Me acuerdo bien que fue muy emocionante cuando los compañeros llegaron a Chile un par de horas después y a través de las radios de los presos comunes pudimos enterarnos que los chilenos habían recibido a esos compañeros como héroes.  Una parte sustancial del golpe político-militar contra la dictadura que significó la fuga de esos compañeros, de esos líderes revolucionarios, ya estaba cumplida. Me enteré como cualquier otro a través de la prensa partidaria y de las confidencias de los compañeros con quienes nos encontramos después del 25 de mayo del 73, que le habían dado la llave del penal a Fidel.
ELM: ¿Cuál sería el legado de esos compañeros para las generaciones actuales?
P.C.C.: Puedo decirte lo siguiente: los héroes no tiene edad; Evita y el Che van a seguir siendo treintañeros por el resto de la historia de nuestra patria Latinoamericana y van a seguir derramando la luz sobre el camino de los héroes de las generaciones subsiguientes, de las generaciones venideras, de las que van a tomar sus postas y lanzarse en combate con fuerza renovada.
En ese sentido en cierto modo hay como una especie de aplanamiento de la historia respecto a los hechos que en aquel momento ocurrieron y los que están ocurriendo actualmente. Creo que las banderas de esos revolucionarios, las que mi generación levantó y llevó al combate, están presentes e incluso de manera más aguda, si se quiere,  que en aquella época: la reivindicación de la emancipación latinoamericana de la unidad nacional de América Latina en un solo enorme país, una enorme patria, que hacía que el Che llamara compatriotas a todos los latinoamericanos.
Nosotros envejecimos a lo largo de estos años tratando de enarbolar y seguir llevando adelante esas ideas que en ese momento cuando las tomamos cuando éramos jóvenes y creíamos que estaban más al alcance de la mano, de lo que después ocurrió.
Ahora, la derrota de los revolucionarios no legitima la reacción; la derrota de los revolucionarios siempre es precaria y provisoria, no legitima las dictaduras, ni el capitalismo y ningún régimen de sujeciones y explotación de los pueblos. Lo único que esos compañeros querrían es que esos fusiles y esas ideas (que ellos defendían), a través de tácticas que respondan a las condiciones en las cuales estamos manejándonos ahora, sean tomadas por las generaciones actuales y subsiguientes.
                                                                                                                                               
Los fusilados en Trelew el 22 de agosto de 1972 fueron :
Alejandro Ulla (PRT-ERP)
Alfredo Kohon (FAR)
Ana María Villarreal de Santucho (PRT-ERP)
Carlos Alberto del Rey (PRT-ERP)
Carlos Astudillo (FAR)
Clarisa Lea Place (PRT-ERP)
Eduardo Capello (PRT-ERP)
Humberto Suárez (PRT-ERP)
Humberto Toschi (PRT-ERP)
José Ricardo Mena (PRT-ERP)
María Angélica Sabelli (FAR)
Mariano Pujadas (Montoneros)
Mario Emilio Delfino (PRT-ERP)
Miguel Ángel Polti (PRT-ERP)
Rubén Pedro Bonnet (PRT-ERP)
Susana Lesgart (Montoneros)
Los heridos que lograron sobrevivir son:
Alberto Miguel Camps (FAR - Muerto en 1977)
María Antonia Berger (FAR - Desaparecida en 1979)

Ricardo René Haidar (Montoneros - Desaparecido en 1982)

Audio de la entrevista:

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