Open top menu



En Enredando las Mañanas, el programa de la Red Nacional de Medios Alternativos, hablamos con Cristina y Ariel,  la mamá y el papá de Natalia Acosta, quien fue desaparecida el 29 de mayo de 2009.
Este año se cumplieron 8 años de la desaparición de Natalia, una piba de un barrio popular de Santa Fe, quien fue vista por última vez en la esquina de 25 de mayo y Suipacha.



Al momento de su desaparición, Natalia tenía 21 años. Ejercía la prostitución bajo el control e influencia de quien era en ese momento su pareja, Eduardo Daniel Ruiz. Ambos convivían en la localidad de Santo Tomé. “La pareja de ella la hacía trabajar en la esquina, nosotros nos enteramos después que desapareció. Para mí la llevó una red de trata” afirmó Cristina, la madre de Natalia.  “También sabemos que viajaba porque nos decía a nosotros ‘papi me voy a comprar ropa a Buenos Aires’ y se iba 15 o 20 días” siguió Ariel, padre de Natalia.
El 27 de Mayo de 2009 Natalia duerme por última vez en la casa de sus padres. El 28 acompaña a su mamá, junto a su hermana,  al médico. Cuando regresan, como Natalia no tenía heladera y Ariel tenía un freezer, se lo regala y se le lleva a la casa, donde Natalia se queda con su pareja. “El día 29 a la mañana aparece la cuñada, Soledad, en mi casa, diciendo que estaba esperando a Natalia para tomar unos mates. A la media hora me llama su pareja, diciendo que mi hija había desaparecido, que no había llegado a la casa. Nosotros le preguntamos qué estaba haciendo, de dónde había desaparecido y nos dijo que estaba trabajando. Eso fue como para morirse en el momento” relató Ariel.
Ese mismo día se hizo la denuncia de la desaparición de Natalia en la Comisaría 1°. Durante tres años, la causa estuvo en la justicia provincial y se investigó como “pedido de paradero”. En la actualidad, gracias a la lucha de la familia de Natalia y de distintas organizaciones el expediente pasó a la justicia federal y se caratuló como “Trata de personas”. La demora en el cambio de carátula y el tiempo perdido son un indicio más del encubrimiento, por parte de la justicia, de la trata de personas que ocurre a diario en nuestro territorio, pero sobre todo en Santa Fé, que es una de las cinco provincias que lidera el ranking que cada vez se cobra a más pibas inocentes.
“La pareja de Natalia está libre, no podemos acercarnos a menos de 500 metros, porque si no nos denuncia él a nosotros” dice Ariel. Actualmente se encuentra en pareja nuevamente, con quien tiene un hijo y “se puso de pastor, agarró la biblia y se está cubriendo con eso para que no lo investiguen” agrega sobre el final.

“Natalia no era, sino que es una piba muy buena porque creemos que está viva, creemos que en alguna parte la tienen. Esperamos que aparezca. Tenía una alegría y un amor hacia nosotros y sus hermanos muy grandes. La estamos esperando. Esperamos el día que llegue con su moto y nos diga ‘Hola papucho, hola mamucha, hace la comida que vine a cenar con ustedes’. Estamos esperando a que nos toque la puerta” dice Ariel, quien no pierde la esperanza de volver a ver a su hija.
Un caso más y una menos. Nuevamente otra de nosotras es dada de baja, como algo que ya no sirve, que nadie más usa. Como un material descartable que la tierra se va tragando y parece nunca volver a salir a ver la luz. Porque cada vez se va más adentro, más profundo. Llegando hacia el interior de ese caldo espeso y caliente que un día va a estallar. Y sabemos que va a estallar. Porque somos cada vez más las que nos indignamos, las que no hacemos oídos sordos y salimos a las calles, las que nos preocupamos, las que nos indignamos de las 18 horas que pasan y no somos esa nueva víctima. Porque el Estado es responsable, la justicia es responsable y porque queremos que Natalia y todas las desaparecidas en democracia aparezcan. Vivas.


Audio de la entrevista:
Claves