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Entrevista a Daniel Córdoba, padre de Alan, uno de los jóvenes asesinados en la Masacre de Pergamino.


Por FM La Caterva y Redacción APU

¿Cómo llevan como familias esta tragedia que les ha tocado vivir?

Daniel Córdoba: Mientras nosotros vivamos es algo doloroso, algo que no vamos a poder tapar ni con todo el oro del mundo ni con la mayor de las sonrisas. Esta es una sociedad totalmente tapada, la de Pergamino. Lo que sucedió pasó para que se arranque de raíz toda la impunidad, la maldad, la vanidad que hay en esta ciudad. Empezando por los gobernantes. Y conociendo la Justicia, lo que pasó con mi hijo… Horacio Aldani, el fiscal de menores, me dijo que siempre le daba un castigo mayor a Alan porque decía que no era un chico para delinquir. Y me lo entregaron en una bolsa hecho pedazos. Tengo que aprender a llevar mi propia cruz, con amor, como Dios manda. Pero sabiendo que esto tiene que llegar allá arriba, para que haya justicia.

¿Cómo se vienen organizando para llevar adelante este reclamo?

DC: Deseo que todos en las familias nos unamos, porque nuestros hijos fueron asesinados de la misma manera y en el mismo lugar. Nadie se merece morir de la manera que los mataron, a mi hijo me lo entregaron hecho mil pedazos. Me lo entregaron lleno de agujeros, abierto, la encía se le había encogido. Creo que mi hijo murió electrocutado. Algo que dije en la primer marcha: la justicia me va a mentir, pero que ya se cargaron de la sangre de siete personas que no merecían morir, de la manera que fueron torturados, fue premeditado esto, se pasaron, se encontraron con tal grave problema que ahora no van a salir nunca más mientras respiren. Ellos mismos van a ser torturados por su propia maldad. Si Dios permitió que mi hijo partiera, y de la manera en que lo hizo, con lo que él era, se cargaron una maldición en la vida ellos. Y lo digo sin tener odios ni rencores para con ellos, sino sería distinto, hubiera tenido un pensamiento macabro y no. Esto nos unió a los familiares, porque estamos pasando por lo mismo. El dolor lo va a sentir cada papá y cada mamá de modo distinto, yo voy a sentir lo mio. Pero quiero justicia. Mi mujer es la que siguió todo esto, la que está al frente de esto. Lo fue a ver cuando estaba en Tandil, con la salud muy deteriorada, y siempre estuvo y está en todos lados siguiendo la causa de su hijo. Con distintos modos de pensar, diferentes familias, pero hoy estamos todos en la misma posición, mirando para adelante.
¿Qué esperan de cara al futuro de la causa?
DC: Si me preguntas hoy cómo estoy, no lo sé, sinceramente. Sé que estoy vivo, pero desde que sucedió esto mi casa se dio vuelta. Y estoy tratando de estar lo mejor posible para pelear por esto. Estamos unidos, todos los familiares. Esto lo quieren cerrar ahora, pero confío en Dios, y en lo que podemos hacer nosotros. Alan el 6 de septiembre cumplía 19 años, era un pibe muy centrado e introvertido. Él después de esto estaba cambiando mucho, con un corazón divino. Se podía encabronar mucho, pero pasaba por la pieza y nos saludaba siempre antes de ir a dormir. Su madre fue su corazón hasta el último minuto, cuando le mandaba mensajes 15 minutos antes de lo que pasó, donde le decía “mamá vení porque la policía nos mata”. Nos pidió que le avisemos a la madre de Noni que se acerque a la comisaría porque estaba hecho pedazos.
¿Qué cree que pasó esa noche?
DC: Creo que los asesinaron mal, semanas antes los venían amenazando.  Si estas madres se hubieran quedado tranquilas, esto ya estaría todo cajoneado. Esto no va a quedar así, la justicia en Pergamino se tiene que renovar, la policía también. Es muy duro esto, las fotos me hacen mal, por eso no las tengo en casa. Voy todos los días a su cama, y es otro día más que no lo tengo, y no sé si creerlo, es como un sueño. Dos veces entregue a mi hijo, porque lo buscaban, y me lo mandaron a morir.