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"Si ante cada elección reaparece el fantasma de la baja en la imputabilidad, comienza a parecer normal que se le dé la espalda a quienes reclaman por esta masacre. Pero no, visitar la ciudad es una forma de romper ese vacío que parece rodearlos, allí mismo donde viven"


Por FM La Caterva y Redacción APU  

Una ciudad transita una masacre. Los ecos que llegan de ella están tamizados por los recuerdos que pueden recuperar quienes conocieron a los siete jóvenes que murieron en la Comisaría 1ª de Pergamino. Existen mensajes de texto, audios de watsup, cartas guardadas como tesoros de lo que ya no volverá. Pero son muy pocos los que quieren leer u oír aquellos registros del horror.

El silencio que envuelve la masacre es parte de la complicidad que intenta instalarse para lograr la impunidad de las fuerzas policiales, responsables de la misma. Y tamaña afrenta se profundiza en un contexto en el cuál la avanzada conservadora que transita nuestro país continúa su estigmatización sobre los jóvenes, como aquellos que ejercen una violencia delictiva a la que vociferan por exterminar.

Si ante cada elección reaparece el fantasma de la baja en la imputabilidad, comienza a parecer normal que se le dé la espalda a quienes reclaman por esta masacre. Pero no, visitar la ciudad es una forma de romper ese vacío que parece rodearlos, allí mismo donde viven. No es sólo visibilizar la lucha desde los medios populares, sino también compartir un momento de descargo, en el cual la escucha atenta les permite contar lo que nadie parece querer oir.

Se están por cumplir siete meses de aquella noche en que siete pibes murieron en esta comisaría, que en su entrada exhibe un cartel que nos recuerda que fue un centro clandestino de detención durante la última dictadura cívico militar. Las famosas deudas de la democracia se hacen tan palpables, que nos conectan con el horror casi excediendo las metáforas. Una de las luchas que familiares y amigas/os comienzan a encarar será por recuperar para la memoria popular este edificio, que tantas atrocidades transitó.

Si los testimonios nos dejan en una pasmosa desolación, la organización que encuentran quienes luchan contra la impunidad nos devuelve al mundo de lo posible, de lo anhelado. Las pegatinas nocturnas que dejan estampada en las calles de Pergamino la cara del comisario que aún sigue prófugo, demuestran que esta masacre las/os hermana de tal forma que ya es imposible que puedan vencer a quienes han transformado su dolor en lucha. Y son mujeres en su mayoría las que andan en esta ronda nocturna, recordándonos también que son ellas las que van en la vanguardia, como antes han sido otras madres y abuelas.

Si la comunicación popular puede servir de algo, será cuando logre instalar en las agendas de todas y todos este tipo de masacres silenciadas. Cuando logre imponer como una pregunta necesaria para las Vidal , los Ritondo de este mundo: ¿qué pasó en la Masacre de Pergamino? Para que cuando visiten alguna vez esta ciudad, no sean sólo quienes transitan esta lucha quienes griten bien fuerte: ¡Justicia por los Siete! Así será, sin dudas, o así es que lo creemos/queremos desde lo más profundo, y por eso militamos.