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El mismo efectivo que fuera investigado por falso testimonio durante el juicio por el asesinato de Nehuen Rodríguez, se encuentra ahora detenido por robar 11 kilos de marihuana que eran parte de un decomiso que debía ser quemado. Un botón de muestra de esta trama de impunidad. 


Por Antonella Álvarez y Juan Manuel Ciucci

José Daniel Soria Barba llegó al juicio por el asesinato de Nehuen Rodríguez con tranquilidad, esa que gozan los miembros de las fuerzas represivas que saben de impunidad.  Declaró como testigo, aun siendo superior de Daniel Germán Castagnasso al momento de atropellar y matar a Nehuen. Venía a ensuciar la cancha, a brindar un testimonio que le permitiera a su compañero zafar de una condena judicial. Se sentó, juró decir toda la verdad, y comenzó a mentir deliberadamente. Durante la audiencia en la que declaró se lo interrogó sobre las  condiciones en las que circulaban aquel 15 de diciembre de 2014, antes de chocar y matar al joven de 18 años oriundo del barrio de La Boca.

Sostuvo entonces que él mismo había accionado el botón que prendía las sirenas del auto, y que no recordaba si habían cruzado en rojo, ya que iba llenando un “acta de procedimiento”. Sin embargo, en el juicio quedó probado que los integrantes de la fuerza circulaban sin sirenas, que transitaron a contramano y cruzaron en rojo, lo que causó el choque que terminó con la vida de Nehuen. Por esta razón, al finalizar el juicio, en la sentencia del  juez Julio Cesar Baez del TOC 4 además de condenar a Castaganasso a la pena de tres años de prisión en suspenso, se ordenó que se investigue a Soria Barba por falso testimonio.

Esto no implicó que lo separen de la fuerza, ni siquiera preventivamente, mientras se lo investigaba. En estos días se hizo pública otra acción de Soria Barba que expone cabalmente su accionar en la fuerza, que no es más que un botón de muestra de un modus operandi generalizado. Ha sido detenido y apartado de la fuerza tras quedar implicado como responsable en el robo de 17 panes (11 kilos aproximadamente) de marihuana que eran parte de un decomiso que se quemó hace algunos meses en el Cementerio de la Chacarita, ante la no tan atenta mirada de la plana mayor de la Policía de la Ciudad de Buenos Aires.

El mismo hilo de impunidad conecta una situación con otra, y es un caso más que nos habla de los delitos que a diario cometen las fuerzas de seguridad. El vínculo de sus integrantes con el narcotráfico, la trata de personas, la explotación, el hostigamiento a les pibes de las barriadas populares, son moneda corriente. Por no hablar del estado en los que estos policías circulan por las calles: en el reciente caso del asesinato de Facundo Ferreyra, de 12 años, en Tucumán, el test de cocaína y marihuana a uno de los policías que lo persiguió y mató por la espalda dio positivo.

El sistema represivo que se cobra víctimas infaliblemente en nuestros barrios, se sostiene sobre estos efectivos, y las cúpulas dirigenciales que avalan su accionar. Ésta vez a José Daniel Soria Barba lo dejaron sólo, y quedó al descubierto una vez más la trama delincuencial de la que no son cómplices, sino partícipes necesarios los integrantes de las fuerzas represivas. 

Hoy Soria  Barba está preso. Los familiares, amigxs, organizaciones y medios que acompañamos el caso de Nehuen desde el comienzo, festejamos que esté tras las rejas. Una pequeña buena nueva, ante tanta impunidad. No es un hecho aislado, no es un policía, es toda la institución. Nehuen Rodríguez presente, ahora y siempre.