Open top menu

En la cárcel que pretenden trasladar aún quedan medidas de prueba por hacerse por la masacre del pabellón séptimo donde en 1978 murieron, según la versión oficial, 64 presos comunes en lo que durante mucho tiempo se conoció como el motín de los colchones. Fue declarada en 2012 Sitio de Memoria, por haber funcionado como centro clandestino de detención y torturas entre 1976 y 1983, durante la última dictadura cívico-militar-eclesial. También funciona el Centro Universitario de Devoto (CUD), creado en 1985 y emblema de todos los espacios educativos que existen en contextos de encierro.

Patio del Centro Universitario de Devoto 

Por Antonella Alvarez/FM La Caterva


“Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a la voz humana no hay quien la pare. Si le niegan la boca, ella habla por las manos, o por los ojos, o por los poros, o por donde sea. Porque todos, toditos, tenemos algo que decir a los demás, alguna cosa que merece ser por los demás celebrada o perdonada”
(Eduardo Galeano)



La única unidad penitenciaria que hay actualmente en la ciudad de Buenos Aires es la Cárcel de Devoto. En junio de este año la legislatura porteña aprobó el convenio firmado entre el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y la Agencia de Administración de Bienes del Estado, por el cual se construirá un nuevo lugar, fuera de la ciudad, y se trasladará la cárcel, y a quienes se encuentran privados de su libertad. El convenio contó con el apoyo de Vamos Juntos, PS y Mejor Ciudad, se opusieron el PTS, AyL y PO y se abstuvieron Suma+ y  Unidad Ciudadana.

En la cárcel que pretenden trasladar aún quedan medidas de prueba por hacerse por la masacre del pabellón séptimo donde en 1978 murieron, según la versión oficial, 64 presos comunes en lo que durante mucho tiempo se conoció como el motín de los colchones. Fue declarada en 2012 Sitio de Memoria, por haber funcionado como centro clandestino de detención y torturas entre 1976 y 1983, durante la última dictadura cívico-militar-eclesial. También funciona el Centro Universitario de Devoto (CUD), creado en 1985 y emblema de todos los espacios educativos que existen en contextos de encierro. “En Ezeiza está el CUE, pero no es como esto”, dicen quienes allí estudian una carrera, algún nivel del sistema educativo obligatorio o algún taller extracurricular. "Con traslados no hay educación" se lee en las puertas de las aulas. ¿Qué pasa con el CUD si la cárcel se traslada?

El CUD

Para llegar al Centro Universitario de Devoto hay que atravesar 8 puertas. Sólo las cierran y las abren los uniformados. Una de las primeras cosas a aprender: las rejas/puertas no podes tocarlas, tarea compleja y que requiere ser pensada cada vez, teniendo tan incorporada la rutina de abrir y cerrar puertas libremente. Las primeras veces que entraba sentía sensación de ahogo corporal. Yo. Que entro dos horas y salgo. Con el paso de las semanas el cuerpo se acostumbra a este territorio que es la cárcel de Devoto. Acostumbrarse es un modo de decir.

La frase que está arriba de la pared,  luego de pasar el patio (y la tercera puerta) no deja de perturbarme cada vez. Cada tanto la comento, siempre la pienso. Dice exactamente así: “Si tomamos a los hombres tal como son, los haremos peores de lo que son. Pero, si los tratamos como si fueran lo que deberían ser, los llevaremos a donde tienen que ser llevados", y es de Goethe. Además de iluminista, la frase en un espacio carcelario cobra distintos sentidos. ¿Se supone que uno “es” preso? ¿O que está preso? ¿Que el hecho de haber cometido un “delito” determina una forma de “ser” y por ende de “ser tratado”? ¿Cómo “son” quienes están privados de su libertad? Las preguntas retumban. La cuarta puerta la abre un uniformado que parece anclado en los 70 con su bigote distintivo. Alguien dijo alguna vez que en las cárceles la dictadura nunca se fue.

El CUD es un oasis en medio del desierto. Allí no entra el servicio. El único lugar de toda la cárcel  donde la policía no cruza la reja de acceso. No ves ni un uniforme, ni un arma. Nada de eso. Atrás,  del otro lado de la reja, quedan los penitenciarios después de pedirnos las tarjetitas que nos identifican. Es un centro universitario, y a la universidad la policía no entra. Un espacio compartido y colectivo. Sentido por quienes encuentran allí una alternativa a la propuesta del servicio: comer/dormir comer/dormir comer/dormir. El ejercicio del derecho a la educación cobra otra dimensión en la cárcel, un territorio en el que la mayor parte de los derechos se encuentran vulnerados, en lugares hacinados, con mala comida, malas condiciones de salud, con un servicio penitenciario que no conoce de derechos humanos.

Un patio enorme nos recuerda que no todos pueden llegarse al CUD. Los universitarios pueden estar en el espacio de 9:00 a 18:00, los de los pabellones que no estudian ninguna carrera, pero que acceden a anotarse sólo pueden “bajar” al CUD para los talleres extracurriculares, como el “taller de filo”, los viernes de 14 a 16. Eso sí, a la hora de terminar deben irse pronto,  los horarios de entrada y salida son  estrictos en los pabellones de Devoto. Si te sentas en los bancos del patio ves en frente varios que miran desde los pabellones. En el patio hay pibes jugando a la pelota. Es el festejo de fin de cuatrimestre, antes de las vacaciones de invierno, cuando las familias de quienes estudian en el CUD entran, y el espacio se vuelve fiesta. Pibes/pibas que van y vienen, los hijos, hijas, de quienes están presos. Se come. Se bebe. Se bailan unas cumbias de una visita que canta con base de fondo, cual karaoke, porque la banda que acompañaba el evento se bajó. Un encuentro, de los que casi no hablan las series mediáticas de televisión ni los medios de comunicación.

¿Qué se pierde en un traslado?

“A nosotros no nos quieren ni para freir las papas fritas en Mc Donalds” dijo alguien en el taller cuando laburamos el traslado de la cárcel de Devoto. La discusión era en torno a qué va a pasar con el Centro Universitario si se efectiviza el traslado. “Dentro de la desgracia que es estar preso, yo tuve la suerte de conocer el CUD. Es la tercera vez que estoy preso y nunca conocí un espacio así”. ¿A alguien le importa?

"¿Qué podemos aprender estando entre cuatro paredes?", pregunta atinadamente otro, ante el peligro que implica para la existencia de este espacio el traslado de la cárcel. Si se traslada ¿se construirá un espacio así en ese otro lugar? Además, el penal de Devoto es de los que más visitas recibe. ¿Qué pasa si la mudan a Marcos Paz o a cualquier lugar, siempre lejano a la ciudad capital (por supuesto)? “Si nadie te visita estás a puro dolor”, comentan también en la discusión. Las visitas y el espacio educativo peligran (entre muchas cosas) con el traslado: nada para la sociedad,  todo para quienes están privados de su libertad.

Cuesta pensar que pasen topadoras sobre un sitio de memoria. La semana siguiente de votado el convenio unas máquinas asfaltaban la puerta de la cárcel de Devoto. ¿Casualidad? La “molestia" de unos cuantos vecinos/as, el negocio inmobiliario, no pueden primar sobre los derechos conquistados, como lo es el CUD. Tampoco sobre el derecho a saber la verdad a los sobrevivientes y familiares de la Masacre del Pabellón Séptimo. Intra muros se grita no al traslado. Amplifiquemos esa voz, construida como no existente por una sociedad que continúa indiferente.