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Tal vez uno de los primeros conceptos que anticipan el meollo de la cuestión de este escrito que leerán a continuación es el de "otredad". Es decir, el reconocimiento del otro, otra, otre como un individux ajenx que no forma parte de "lo propio". Al reconocer esto se asume, a priori, una identidad. Hablamos del reconocimiento de lo ajeno no como una adjetivación que deriva habitualmente en la estigmatización, sino como parte necesaria de la construcción de la riqueza y pluralidad social.


A este nivel puede entenderse a "lo otro" como aquello que no fuimos y no seremos; una pregunta surge entonces: ¿Quién es el otro, la otra, en un territorio colonizado y policultural?
Proponemos entonces salir de la visión etnocéntrica de la otredad que niega el lenguaje y la existencia de la cultura nativa de estas tierras, y de la visión capitalina/urbanística a la que nos vemos inmersos por vivir en la Capital Federal de Buenos Aires, donde la vida es una sola, la propia.
Llegamos entonces así a un aula de un Instituto Superior de Arte y Comunicación ubicado al noroeste del país, en la provincia de Catamarca. Es grande, aunque no como las que conoce la Universidad de Buenos Aires. En un aula, en el marco del 15° Encuentro Nacional de comunicación comunitaria, alternativa y popular nos encontramos aproximadamente treinta personas provenientes de distintos puntos del país. La idea de dicha reunión es conversar en base a un eje central: "Medios campesinos, indígenas y territorios en conflicto". Alguien dice que la idea en realidad es la de producir conocimiento a través del diálogo.

¿Por qué decimos que habitamos un territorio en conflicto? Reconocernos bajo estos términos es pensar que las disputas del otro, del lejano y hasta ajeno, también son propias y forman parte de nuestra construcción identitaria.
Es que nuestro territorio adquiere este carácter por dos motivos principales. A saber: la construcción sistemática del pueblo indígena como enemigo interno; la persecución, asesinato y expropiación de ese enemigo y sus (nuestras) tierras.

En el aula, que se viste de conversatorio, se alza una primera voz que nos cuenta su experiencia:
Hay una organización campesina de pequeños productores en el interior de la provincia de Santiago del Estero. En este lugar los medios de comunicación escasean: no existen celulares, la señal que permitiría su uso es prácticamente nula. Tampoco existen medios hegemónicos, porque no existen medios. Es por ello, seguramente, que con los fondos recibidos a través de un subsidio, estos olvidados campesinxs han decidido crear su propio medio y comenzar así a achicar distancias produciendo su propia comunicación interna.

La primera radio de la zona entonces se llamó  Ashpay Pa Callu (lengua de mi tierra). Por supuesto su trabajo desde el momento fecundo fue visibilizar lo que los empresarios, que con la complicidad de la municipalidad (y por supuesto de la policía), han logrado ocultar. Así es como una radio incipiente, autogestiva y casi ajena a los intereses dominantes logró rápidamente ser enemiga de los empresarios más acaudalados y del mismo municipio. También de esa manera es que luego de las correspondientes  invasiones al espacio, agresiones de patovicas al aire y amenazas de desalojo, Ashpay Pa Callu continuó denunciando las invasiones y usurpaciones territoriales, colocando a la radio en un lugar central en la lucha por la resistencia indígena.

A pesar que entre los años 2009 y 2010 tierras de la zona fueron vendidas a poderes extranjeros, con el apoyo del MOCASE (Movimiento Campesino de Santiago del Estero) se logró frenar el avance del mismo.

Pasado dichos años la radio se llena de satisfacción ya que es la única de su provincia en ganar tres FOMECAS (Fondo de Fomento Concursable para Medios de Comunicación Audiovisual) y luego de un período de inestabilidad comienza a levantar sus cimientos nuevamente. Se llena así el espacio del mas variado contenido y se comienzan a brindar talleres de computación para niños -¿Hace falta aclarar que jamás habían tocado una computadora?, y de periodismo el cuál se brinda como estrategia para fomentar la comunicación popular y alternativa como un posible medio de vida.

Hoy HASHPAY PA CALLU sigue funcionando como medio de comunicación visibilizador de injusticias y opresiones.


La voz que contó esta primera historia calla. Como si hubiera finalizado la experiencia. Pero delante nuestro hay treinta personas, y ante la mirada de ellas una segunda voz, esta vez femenina, comienza a narrar su relato.

Nos vamos entonces a territorio Comechingon, hoy provincia de Córdoba. En este caso la radio se llama "Córdoba Originaria". Surgida en el año 2013, no de casualidad mantiene un fin político similar al de la Ashpay Pa Callu; visibilizar las problemáticas de los pueblos originarios involucrándose con el propio cuerpo en la lucha territorial, ya que los medios hegemónicos no lo hacen. "Romper el cerco mediático", repite aquella voz. No se trata solo de la represión y hostigamiento a los pueblos originarios del territorio Argentino, sino de Latino América en conjunto. "Una de nuestras propuestas es romper las fronteras y no respetar las patrias tal cual están delimitadas".

Las personas que conforman Córdoba Originaria son descendientes directos de pueblos originarios o se auto-determinan bajo esos términos. Viven en carne propia la historia de su persecución. Nos piden explícitamente que no tengamos una imagen romántica de lo que fueron los pueblos originarios porque éstos existen hoy, aunque el nivel de desinformación al que estamos expuestos nos intente confundir. Tienen un posicionamiento político claro y es el siguiente "somos negros, aborígenes y pobres. La única forma de lograr la liberación Latinoamericana es a través de la recuperación de nuestra identidad ancestral, denunciando y trabajando sobre el nivel de colonización al que nos regalamos día a día". Es en ese sentido y bajo esta línea, que nos piden que aprendamos de las estrategias revolucionarias indígenas más allá de la teoría y experiencia europea.

Así es como estas dos historias, distintas pero cercanas, se aúnan en los procesos de organización y así es como la radio, por más insignificante que parezca ante los ojos del otro, se convierte en herramienta de lucha y resistencia.
En Catamarca el invierno cala menos el cuerpo que en la Capital Federal, el sol alumbra y calienta más los huesos.

¿Quién es el otro, la otra? La pregunta resurge. En todo caso todxs convergemos en lo importante de la visibilización como estrategia para la protección de la vida.