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El 19 de noviembre Juan Pablo Kukoc hubiera cumplido 19 años. Pero las balas del policía Luis Chocobar terminaron con su vida apenas un mes después de llegar a los 18. Sin embargo, y como parte de esa lucha por justicia parida de tanto dolor, su mamá Ivonne, sus hermanes y sus amigos, junto con vecinos y organizaciones de La Boca, decidieron armar un festival para festejarlo. “Hay que brindar por su vida”, dice Ivonne a casi un año de que le arrancaron a su hijo. Es viernes y atardece en el barrio de los desalojos y superclásicos. El pedido por justicia grita desde la remera negra de Ivonne, en las banderas que atraviesan la calle Suárez y en los esténciles que multiplican la sonrisa de Pablo en decenas de pañuelos. Y ese pedido no está solo, se hace fuerte en el abrazo incondicional de otras madres que perdieron a sus hijos e hijas en manos de la represión estatal.

Por Colectivo de Medios Populares*

“Hay que seguir con la vida –apuesta Ivonne- porque fue a ellos a quienes les arrancaron esa vida alegre y de fiesta que tenían. A ellos no les alcanzaba el día, como dice Roxi. Iban al colegio, jugaban al fútbol, estaban con amigos. Si el día podía tener 26 horas, para ellos era mejor. Hay que brindar por su vida”. Y qué mejor que brindar en la calle, con música, globos, pelotero, un mural y la palabra de esas mamás que, casi al mismo tiempo, lloran, mascan bronca, bailan cuarteto y plantan cara ante tanta injusticia.


“Somos todas mamás que nos miramos y tenemos el pin, la remera, que cada cumpleaños de nuestros pibes hacemos esto. Y quizás para el vecino o la vecina somos los locos pero nos dejaron en esta condición, recordando y diciendo Kiki tenías 17, hoy tendrías 27, y te recuerdo y te voy a recordar hasta el resto de mi vida, sólo el día que me muera no te voy a recordar, no voy a pedir justicia, ahí no voy a caminar más”, dice entre lágrimas Angélica Urquiza, mamá de Kiki Lezcano, asesinado el 8 de julio de 2009 por un policía de la Federal.


Roxana Cainzos es la mamá de Nehuén, otro adolescente de La Boca que perdió su vida a los 18, atropellado por un patrullero de la Policía Metropolitana que cruzó en rojo, sin sirenas y en contramano. Junto con Ivonne y con Carolina -mamá de Lucas Cabello, también del barrio, víctima y sobreviviente del gatillo fácil- abrieron el merendero “Madres en lucha”.  “La verdad que somos una familia que nos alentamos unas a otras y nos acompañamos en cada momento. Nos encantaría que puedan copiar eso de las madres que somos de distintos pensamientos, quizás, pero en distintas formas siempre estamos unidas y vamos para adelante a pelear contra el mismo monstruo que es el neoliberalismo que nos está matando a nuestros pibes. Lo importante es que dejen de reprimirlos y matarlos, que le den trabajo y educación”, dice Roxi, incansable.

Entre todas las mamás hay un hombre. Un papá. Es Alfredo, padre de Florencia “La China” Cuellar, asesinada en diciembre de 2012, junto a otras 9 chicas, en la cárcel de mujeres de Ezeiza, por defender los derechos de sus compañeras. Alfredo también toma la palabra: “El Estado tiene que ser responsable, el chico tiene derecho al estudio, a la salud, a una vivienda digna, porque para eso está el Estado, y no empujarlos al abismo para que en algún momento cometan un error y mandarlos a la cárcel para que ahí se pudran. Nos tienen que escuchar a nosotros los familiares porque somos pobres y estamos condenados a vivir ahí. Los familiares unidos sí somos hoy una amenaza para el Estado y sabemos que sigue sosteniendo e implementando la violencia, que la Justicia tiene la balanza inclinada a favor de los poderosos, de la corrupción y de la impunidad.  Por eso es muy importante acompañar porque no es fácil perder un hijo, sobrellevar esta mochila cargada de dolor, impotencia y discriminación”.



Las mamás se miran y una a una pasan al micrófono. Cada una relata su historia, la de su hijo; todas hablan de injusticia, de un sistema estatal que reprime a los pibes, a los pobres. Pero todas y cada una también destaca esa unión que las sostiene y que buscan, se replique. También señalan que encuentran justicia social en cada movida, cada marcha, cada festival que, como este primer cumpleaños sin Pablo, reúne a familias, amigos, militantes. “Ese cariño, ese beso y ese abrazo que nos damos, nos fortalece. Nosotras, más allá de nuestra cara muy triste y el corazón partido, juntamos fuerza para seguir luchando. Pedir justicia nos fortalece y nos hace ponernos de pie. No queremos que le pase esto a otro de los pibes”, asegura Ivonne.

La luna sale en La Boca y bajo su luz, los amigos y los hermanos y hermanas de Pablo también buscan su manera de recordarlo. De decir cuánto lo extrañan. Con su imagen en alto y en cada pecho, una letra; forman, unidos, su nombre. El baile continúa en Suárez e Irala. Es una noche más sin Pablo y un día más de lucha para que se haga justicia.   

*Pablo por Ivonne*

“Nació en la provincia de Salta y vinimos a sus 12 años. Él amaba al futbol y a los animales. En casa tenía una suerte de granja, yo lo cargaba. Tenía su gallina, pollito, su perro, y hasta un día vino con un caballo que se encontró. Y a los dos días apareció el dueño, era chiquito el caballo. Y el dueño se reía cuando lo encontró. Muy simpático lo invitó a que venga de vez en cuando a darle de comer a los animales. Hasta le pidió que le regalara una vaca. Me acuerdo que yo le decía que me parecía mucho, y se le ocurrió que un chancho era mejor. Siempre se encontraba un animalito y lo traía. Él siempre estaba con su perro porque siempre decía que era su amigo fiel”.



*FM Riachuelo/FM La Caterva/La Retaguardia/Agencia Paco Urondo/Sur Capitalino/Radio Gráfica/Radio Presente
(Desde el Colectivo de Medios Populares producimos en unidad como urgencia y como apuesta. Coincidimos en que la comunicación no es mercancía. Nos encontramos, ensamblamos, complementamos, potenciamos y existimos, intentando romper con una máxima que buscan imponer como natural: que entre iguales, solo queda competir)