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FM La Caterva dialogó con Lalo durante la emisión del programa Enredando las mañanas, él es integrante de la cooperativa Iriarte Verde e Ingeniero Agronómo. La charla viró sobre la nueva ley de semillas, la influencia de los pesticidas y agro-tóxicos y otras formas de producción.

El G20 no sólo atrajo un innumerable aumento, casi grosero considerando la situación social de hambre e injusticia que atravesamos, en el presupuesto por seguridad sino el tratamiento record de una nueva ley de semillas. La ley vigente data desde 1973, y la actual pretende modificar ciertas características vinculadas al consumo y producción de frutas, verduras, hortalizas y alimentos que provienen de la tierra. Estas modificaciones no se orientan a solucionar problemas como el envenenamiento de los productos, el abuso de pesticidas y otras características sino a legitimar estas dinámicas y favorecer a las empresas. Lalo nos visitó para romper mitos, y construir una nueva forma de gestión orientada al alimento como derecho humano, y las semillas como un bien social.


La semilla es de todxs

El primer gesto fue solidario, el entrevistado llegó con frutas, verduras y yerba ecológica a modo de obsequio. Esta situación disparó la primera pregunta, en torno a la propiedad de las semillas que, para el integrante de la cooperativa, es un recurso que “pertenece a los pueblos” puesto que “se trabajan desde las comunidades originarias y primitivos hace diez mil años, son producto de ese trabajo del ser humano y la naturaleza”. La semilla no posee un solo dueño, todos somos dueños de ella y su valor es histórico, social, económico y nutricional.
La nueva matriz de la ley de las semillas, que ya obtuvo el visto favorable por la cámara de diputados para ser tratada en el recinto, promueve la figura del obtentor, quien recibe un beneficio por patentar una semilla que interviene genéticamente. Esta nueva modificación habilita a las grandes multinacionales a cobrar al productor por el uso. La ley anterior permitía el consumo y la comercialización a pequeña escala, actualmente “[…ya no habría más un uso propio. Nadie podría guardar una semilla, todo lo cosechado debe ser vendido; si se guarda algo, debe pagar regalías al obtentor. La figura de uso propio, libre y gratuito no lo tendríamos más”. Estas regulaciones serán llevadas a cabo por el Instituto Nacional de Semillas –INASE- el cual actuaría como policía del consumo y la producción, lo cual es grave según Lalo ya que el pueblo sostiene y financia a este instituto que actuará en favor de las empresas. Por otro lado, esta alianza encarece la calidad de los productos ya que las empresas orientadas al procesamiento industrial de alimentos “toma los productos transgénicos: granos, verduras, fruta y les dan un tratamiento industrial que los transforma en objetos comestibles no identificados. OCMI's, en su abreviatura, porque no sabemos lo que comemos. Eso encarece permanentemente la calidad de los alimentos”.


La perversión del mal menor

En la industria se ha instalado el mito de las buenas prácticas, y Lalo sostiene que se trata de una mentira ya que “poquito, un poco o mucho sigue siendo veneno en el cuerpo”. Conforme avanza la entrevista, surgen los datos duros. En Argentina se vierte diez litros de glifosato sobre hectárea cultivada, contra el litro o dos que recomienda la empresa Monsanto. Esta información fue reafirmada por el SENASA, que realizó un estudio en conjunto con la Organización sin fines de lucro –ONG- Naturaleza de derecho estableció que el 60% de los alimentos contiene agro-tóxicos. La cátedra de alimentación soberana, integrada por Lalo entre otros, efectúo un estudio en conjunto con un laboratorio de la Universidad de La Plata, en la cual confirmaron este porcentaje y descubrieron que dentro de ese 60%, un 30% contiene más de un pesticida. Esto se produce porque las plantas desarrollan resistencia ante un pesticida, y ello implica que se viertan más cantidades para acabar con las plagas de plantas e insectos. Esta nueva ley busca reglamentar esta dinámica, en base a la idea de que ciertas cantidades no son nocivas. Lalo propone el concepto de “intoxicación progresiva”, la cual se comprueba en síntomas imperceptibles que inciden en la salud. Es una dinámica afín al negocio de Bayer como  una empresa que busca “no matarnos” para sostener una dinámica en la cual “por un lado nos intoxican, por el otro nos dan los remedios para seguir viviendo y consumiendo esos alimentos envenenados”.

Otra forma de producción

El modelo actual está en caída y conforme la opinión del Ingeniero Agronomo, las multinacionales son conscientes de esta situación y por eso ellos también están cambiando el patrón de ganancia hacia un modelo agro-ecológico. La cooperativa Iriarte Verde comprueba esta situación, no sólo en frutas y verduras sino también en cereales ya que existen “cincuenta mil hectáreas que están produciendo maíz, trigo y soja en forma agroecológica”. Se trata, entonces, de proteger la biodiversidad porque “otorga alimento y remedios para la gente”. En la cooperativa desempeñan tareas once trabajadores, quienes atienden los jueves y sábados en Rio Limay 1233. Según Lalo, este gobierno atenta contra la alimentación que es Derecho Humano ya que por un lado al dominar la alimentación “dominan nuestros cuerpos” y, por el otro, los aumentos en servicios y combustible dificultan la tarea de los almacenes y cooperativas que comercializan los productos agro-ecológicos, por el traslado y el sostenimiento, y a los pequeños productores al forzarlos a producir con la matriz actual. Como cierre, Lalo sostiene que esta ley “es un mandato del G20” ya que “todos los países que impulsaron esta ley fueron promovidas por este grupo para dominar la semilla y controlar la alimentación y el mundo”. Los productos independientes, no obstante, apuestan a un modelo nutritivo, soberano y saludable.

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