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El jueves 15 de noviembre, en la la Comisaría 3° de Transradio, en Esteban Echeverría (Provincia de Buenos Aires) sucedió una nueva masacre, según lo relatan los sobrevivientes, familiares de las víctimas y la Comisión Provincial Por la Memoria. Elías Soto fue una de las víctimas. Tenía 20 años y una condena de tres años y diez meses. Desde el 15 de junio estaba detenido ilegalmente en la Comisaría, y el día de la masacre cumplía 5 meses allí, a pesar de que al mes de estar detenido le había llegado un papel que, según Melany, su novia, decía que “apenas haya cupo lo iban a sacar a penal”. Estuvo internado unos días en terapia intensiva en el hospital Santamarina de Montegrande, y fue el quinto en morir. Actualmente son ocho las víctimas de la masacre: Juan Carlos Fernández, Elías Soto, Miguel Ángel Sánchez, Jeremías Rodríguez, Jorge Ramírez, Eduardo Ocampo, Juan Lavarda  y Walter Barrios.

Por Antonella Alvarez / FM La Caterva


Melany tiene 21 años y vive en el barrio de Malvinas, en Montegrande. Lo primero que hace al hablar es intentar desarmar la versión oficial, mediática y policial. Es que, como en tantas otras masacres, también ésta se intenta instalar como motín e intento de fuga. Pero no, “no hubo motín ni intento de fuga, como lo plantea la policía. Esto fue un reclamo por parte de los detenidos de la Comisaría 3° de Transradio. En la celda número 1 donde estaba mi novio, había solamente dos colchones”, nos cuenta Melany. Relato que es acompañado por la Comisión Provincial por la Memoria: “Ni intento de fuga ni de motín: según los testimonios coincidentes de los sobrevivientes -había 27 detenidos en la esa comisaría, que tenía ordenada una clausura judicial para alojamiento y ni siquiera contaba con la cantidad de plazas ni colchones para la mitad de ese número- el fuego podría haber sido rápidamente apagado de no haber sido cortado arbitrariamente el suministro de agua hacia los calabozos. ´Ahora se van a quemar como las ratas que son´, escucharon varios sobrevivientes de parte de los efectivos que asistían, impávidos, al horror y en medio de los pedidos desesperados de ayuda”.

Las detenciones en comisarías son ilegales. Además, la comisaria 3° de Transradio “estaba clausurada judicialmente. Había 27 presos y en total había tres celdas. Estaba la celda 1, en la que estaba mi novio, había 14 o 15 más y estaba la 2, que más o menos eran 7 u 8 más. Y la tercer celda, que la llamaban buzón, en esa si no me equivoco había cuatro”, sostiene Melany y confirma la CPM en las notas publicadas en su sitio: “la Comisaría 3ª de Esteban Echeverría está clausurada por una orden del juzgado de Garantías 2 de Lomas de Zamora con sede en Monte Grande. En esa misma resolución, la justicia le exigió al Ministerio de Seguridad de la Provincia que desalojara de manera urgente los calabozos y trasladara a las personas allí detenidas. Incluso el propio Ministerio de Seguridad había dictado en 2012 la resolución 268 que clausuraba esos calabozos”.

La masacre sucedió en la madrugada del jueves 15 de noviembre, pero la familia de Elías se enteró casi de casualidad que estaba internado en terapia intensiva. “Nosotros nos enteramos lo ocurrido porque la tía de él, Barbi, que tenía turno en el hospital Santamarina en Montegrande, donde él había sido trasladado. Se enteró de lo sucedido en el hospital y fue a la casa de los padres de Elías. Nos enteramos ahí. La policía jamás llamó para avisar lo que había sucedido ese jueves a las 5 de la madrugada. Nos enteramos por la tía de él, dio aviso a los padres de Elías, se acercaron a la comisaría, yo me encontraba trabajando, a las 8 de la mañana ya, la madre me mandó un mensaje, era de no creer, no sabíamos que pasaba, no daban respuestas, no daban nombres, no contaban nada de lo que pasó”.

Hay otro dato que se suma a los diferentes relatos del horror de los sobrevivientes y que Melany cuenta: “los bomberos estando al lado de la comisaría, de pared por medio, no hicieron nada, no los ayudaron. Los policías los dejaron morir, teniendo el paso de agua de la celda se la cerraron, mientras ellos les gritaban y les pedían ayuda. Los dejaron morir como si nada, como si fuesen animales”.

Aún no han trascendido los nombres de los policías que esa noche se encontraban en la comisaría, ni siquiera las familias conocen los nombres de los responsables “no sabría decirte, había muchos policías, no quisieron dar nombres, nadie salió a decir nada”, denuncia Melany. La causa está siendo investigada por el fiscal Fernando Semisa y fue caratulada como “incendio seguido de muerte”.

Quienes tienen seres queridos privados de su libertad parecen siempre tener que justificarse, porque la sociedad juzga “menos mal” las muertes terribles que suceden en contextos de encierro, “nosotros jamás justificamos la situación que estaba pasando, él estaba pagando su error, estaba privado de su libertad, tenía toda una vida por vivir, me lo arrebataron, me los sacaron. Que se haya equivocado o que haya tenido un error no quita que me lo hayan matado así”. La crueldad en el relato que hace Melany parece no tener límite, “lo dejaron morir, su carita quemada, mientras él se quemaba, lo tenían esposado. A donde se iba a ir así, a dónde se iba a ir todo quemado”. Aún en medio del dolor, no duda en señalar a los responsables de la masacre: “la policía, todos los que estaban en ese establecimiento el 15 de noviembre, son los culpables de todo este hecho. Y que otra vez se repita la historia como Pergamino”.

Como el 2 de marzo en la masacre de Pergamino, las condiciones ilegales de detención y la acción policial causan una nueva masacre, en la misma provincia de Buenos Aires. Si algo se puede rescatar, en medio del horror de la repetición, es la solidaridad y experiencia de lucha que recibieron los familiares de Echeverría por parte de las familias de Pergamino, que desde el 2 de marzo vienen organizándose por Justicia x los 7. “Recibimos apoyo de familiares de Pergamino y estamos muy agradecidos, porque sin ellos no hubiésemos podido seguir, nos están guiando, nos guiaron como empezar, ya tuvimos nuestra primera reunión, se va a realizar una marcha gracias a las madres de Pergamino. La verdad es que nos sentimos muy contenidos”, relata Melany.

Además de señalar la responsabilidad de las fuerzas de seguridad, del poder judicial y político, es central contar quiénes eran las víctimas. Melany habla de quien era su compañero de vida así: “Elías era una persona fuerte, amable, hermosa, cariñosa, respetuoso, y de una familia humilde. Siempre tan sincero él, todo lo que le pasaba me lo contaba. Era el más sincero, un amor de persona, él era tímido. Lo que más se notaba de él, era las garras, las fuerzas que le ponía a todo, siempre poniéndole el pecho a todo, siempre demostrando estar bien. Elías es mi amor, mi vida, mi primer novio, de tan chicos tan unidos; íbamos juntos para todos lados, se llevó una gran parte de mi con él”.

Porque todos los días se violan los derechos más elementales en contextos de encierro, porque ya se había dicho basta con la masacre de Pergamino, pero volvió a pasar, es urgente insistir, visibilizar, denunciar todas las responsabilidades, acompañar la exigencia de justicia, crear redes que permitan a cientos de miles de seres humanos vivir dignamente, sin que la muerte los ronde constantemente. Porque el único derecho del que están  privados, se supone,  es la libertad ambulatoria.