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El 2 de agosto de este año en la escuela Número 49 de Moreno la desidia estatal produjo la muerte de Sandra Calamano y Rubén Rodríguez, cuando explotó una estufa, quince minutos antes de la entrada de los pibes y pibas.
Desde entonces, la mayor parte de los edificios donde funcionaban las escuelas de Moreno, de todas las modalidades y niveles, se encuentran cerrados. Allí no suena el timbre, ni se izan las banderas, no se escribe en los pizarrones, ni se toma el té, ni se come en el comedor. No hay recreos. Desde entonces, desde la muerte evitable de Sandra y Rubén, se hace escuela de otro modo, en otros lugares. ¿Cómo se hace? ¿Qué estrategias se construyen cuando las cuatro paredes del aula ya no están?, cuando el aula es una sociedad de fomento, un club de barrio, la casa de alguien, la plaza, la vereda. Cuando la lucha es por volver al aula, pero la muerte aparece como posibilidad real. En cualquier momento. En cualquier lugar. Cuando la exigencia es porque todas las escuelas estén abiertas en condiciones dignas.


El lunes 29 de octubre, diferentes universidades junto a docentes de las escuelas de Moreno y el SUTEBA Moreno, organizaron una jornada para discutir en torno a las formas en que se ha enseñado en estos casi tres meses, en estas otras condiciones. Uno de los aspectos más interesantes de este proceso quizás sea que a la a la vez que se crean/inventan otras formas de enseñar y aprender, se da la batalla por una educación digna, como derecho de lxs pibxs y trabajadorxs de la educación, que tiene como reclamo fundamental que las más de 200 escuelas vuelvan a abrir las puertas en Moreno. En palabras de un docente en la jornada: “estamos en una situación en la cual tenemos que buscar nuevas alternativas de enseñanza y aprendizaje pero siempre defendiendo que los estudiantes tienen derecho a tener una enseñanza digna, y los trabajadores de la educación también, desde el portero hasta el director de una escuela”.


No sabían cómo se hacía escuela afuera de la “escuela”. No sabían cómo se construía con las familias en la dinámica del quehacer cotidiano. Les tocó, a lxs docentes, directivxs, familias, comunidad entera, inventar o errar. Y así caminan, estos casi tres meses. Ensayando nuevos modos de enseñar y aprender. Nuevos modos nacidos del terror de la muerte de dos compañrxs. Nuevos modos de transformar el dolor en lucha.
Moreno es el distrito con más cantidad de problemas de infraestructura escolar. Antes de la muerte de Sandra y Rubén los techos se caían, las paredes se electrificaban, los pozos se tapaban. Las escuelas en zonas donde la pobreza duele son espacios de encuentro que asumen otros sentidos. No es lo mismo la escuela de Cuartel Quinto que la de Caballito. Ninguna es mejor o peor que la otra. Suceden cosas distintas, porque los contextos son distintos. En Moreno las cosas estaban mal antes de la muerte evitable de Sandra y Rubén.  Tal vez esa necesidad imperiosa de que las escuelas funcionen, o mejor dicho, “estén abiertas”, sumado a una campaña de estigmatización de lxs docentes como “vagos que no quieren trabajar”, hicieron que sólo sea posible que se suspendan las clases por parte de lxs directivxs, luego de la muerte que arrebató de una forma brutal a dos de lxs que todos los días se levantaban para que esa escuela, la 49 de Moreno, funcione. “Desde nuestro lado tenemos que hacer un mea culpa todos, el hecho de haber naturalizado antes de esto la situación de las escuelas deplorable, en muchos casos,” expresa un padre que participa de la jornada.


En medio del dolor por la pérdida, lxs directivxs, docentes y familias de Moreno reocuparon el espacio público. Las plazas, los clubes, las sociedades de fomento, las veredas. Allí sostienen, no sin complejidades, su trabajo y su vínculo con lxs pibxs y las familias. Además sostienen su lucha por una educación digna. Y no están solxs. Un colectivo de familias, “padres” las llaman, aunque muchas madres también, ya se organizan en asamblea, y vienen siendo protagonistas en todo lo que sucedió desde el 2 de agosto a hoy. En el cierre de la jornada del lunes pasado, una mamá integrante de la comisión tomó el micrófono para hablar a lxs docentes, integrantes de universidades, pibxs, familias que estaban reunidos en la Plaza Moreno: “Nosotros, Moreno, tenemos que dar el ejemplo. Yo le pido a cada padre que vaya a hablar con su director y le pida por favor que haga una reunión de padres. Así se arma una asamblea, de ahí se sacan los números de teléfono y de ahí se parte.


Lo que le pasó a Sandra y Rubén les pudo haber pasado a todos, a nuestros hijos inclusive. Hay colegios que quieren habilitar, a pesar de que se les cae el techo, se abren las paredes, se electrifican todas las paredes. No sé qué quieren hacer las personas que vienen de arriba, porque cuando vos le preguntas como papá quién es el responsable, te dicen, ´no, nosotros venimos a dar una respuesta pero el responsable es…´ quiero que alguien me diga quién es el responsable de todo lo que pasó, o todo lo que está pasando o todo lo que va a pasar. Nosotros nos tenemos que unir, docentes con padres, directores con padres, directores con maestros. Traten de hablar, de comunicarse, de expresarse, de decir todo lo que está pasando en cada uno de sus colegios. Necesitamos más información con respecto a los colegios. En su momento cuando vinieron los de provincia nos dijeron que teníamos que armar un relevamiento nosotros como padres, no sabíamos lo que era un relevamiento. Sobre la marcha fuimos aprendiendo. Ahora tenemos que ser abogados, arquitectos, electricistas, de todo para asesorarnos si están haciendo las cosas bien, eso no corresponde. En la asamblea que hicieron ellos del comité de crisis, nos prometieron algo a todos los que estábamos ahí. 


¿Y? ¿Dónde están esas respuestas? Ocho colegios se abrieron hasta ahora y son 255 colegios. ¿Qué están haciendo? Tres meses se van a cumplir que nuestros hijos no tienen clases. Y ¿qué están haciendo? ¿Qué está haciendo este municipio que tiene 120 obras. Solamente una se hizo. Nos tenemos que levantar nosotros”.
Como en otros procesos donde el dolor se transforma en lucha, en Moreno del dolor nació otra forma de organización, donde sectores de la “escuela” como las familias organizadas son fundamentales en la lucha por una educación digna. Porque Sandra y Rubén pudieron ser cada uno/a de lxs que habitan las escuelas todos los días. En estos meses la comunidad tomó otro sentido. El encuentro es distinto. Cuando la lucha se gane, y estén todas las escuelas abiertas y en condiciones dignas, ya no serán los mismos y las mismas. En Moreno ya no hay vuelta atrás.

Investigación, fotografías y crónica por Antonella Álvarez del colectivo FM La Caterva

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