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Las formas de presentar los asesinatos de mujeres, niñas, disidencias, tienen una función pedagógica, que aunque no se explicite, opera en los sentidos que se construyen a través de repeticiones tales como “el cuerpo de una niña en una bolsa, tirado en un lugar donde tiran basura”. Rita Segatto llama “pedagogías de la crueldad a todos los actos que enseñan, habitúan y programan a los sujetos a transmutar lo vivo y su vitalidad en cosas”. Y sigue “en ese sentido, esta pedagogía enseña algo que va mucho más allá del matar, enseña a matar de una muerte desnaturalizada, de una muerte que deja apenas residuos en el lugar del difunto (de la difunta) (…) Sus deyectos no van a cementerios, van a basurales”






Por Antonella Alvarez / FM La Caterva

Sheila y tantas pibas como Sheila son vidas que nos siguen arrebatando el capitalismo, el patriarcado, el adultocentrismo, como sistema de dominaciones múltiples.  Sheila jugaba en el patio de su casa, antes de iniciar las últimas horas de su vida. Jugaba en el patio de su casa antes de que sobrevengan los días de desaparición, de intervención policial, de  idas y vueltas de dichos de causas de la desaparición, de una aparición falsa. De los medios de comunicación masivos instalados en el barrio de calles de tierra. Al lado de los perros que buscan. Y una imagen repetida en nuestras cabezas y estrujada en nuestros pechos. Anahí, Melina, Micaela.

Aparición de un cuerpo sin vida, “donde tiran basura” titulan los medios. Repiten los cronistas. Donde tiran basura. El cuerpo de Sheila, de diez años, en una bolsa, donde tiran basura.

La estigmatización de la pobreza y la xenofobia recrudecen en las coberturas. Y elegimos hablar de coberturas mediáticas, no porque los medios sean responsables de lo que de hecho sucedió, pero sí porque creemos, y más en estos casos, que siguen generando consensos sobre determinadas representaciones sociales. ¿Por qué se remarca que el tío, que termina siendo el victimario, es paraguayo y está en Argentina, aún con antecedentes penales? Psicólogos en las grandes pantallas explicando cómo es posible que alguien haga algo semejante. Y además mienta.  El horror, la construcción de la otredad, lo otro, los otros.

Pero no, Sheila no es un caso aislado, ni es “lo otro”. Es parte de la trama cotidiana de violencias que producen el capitalismo, el patriarcado y el adultocetrismo. Es parte de un sistema que, aunque en jaque en una enorme revolución feminista (que ya está construyendo otro mundo, que construye redes que arrebatan de la muerte a pibas a fuerza de organización), nos sigue arrebatando vidas.
  
Rita Segatto también hace una mención específica de los medios masivos de información “al hablar de la pedagogía de la crueldad no podemos olvidarnos de mencionar a los medios masivos de información, con su lección de rapiña, escarnio y ataque a la dignidad ejercitadas sobre el cuerpo de las mujeres (…) Los medios nos deben una explicación sobre por qué no es posible retirar a la mujer de ese lugar de víctima sacrifical, expuesta a la rapiña en su casa, en la calle, y en la sala de televisión de cada hogar, donde cada uno de estos femicidios es reproducido hasta el hartazgo en sus detalles mórbidos por una agenda periodística que se ha vuelto ya indefendible e insostenible”.

En todos los días de cobertura del femicidio de Sheila primó una lógica de culpabilización y sospecha sobre la pobreza y la migración. El asesinato de Sheila no responde a una lógica espectacular e individual,  no responde a las nacionalidades de los victimarios. No podemos disociarlo del entramado  sistema/mundo capitalista,  patriarcal y el adultocentrista. Hay muchas Sheilas. No hay muchas coberturas como las de Sheila.

La posibilidad de mirar sistémicamente no implica no encontrar/señalar/escrachar/juzgar/encarcelar a los responsables. Será central para seguir construyendo otros mundos, no perder de vista que los medios masivos tienen un papel fundamental en esta pedagogía de la crueldad que trasmuta la vida en cosas desechables. Y potenciar la empatía y la construcción de otros sentidos, en un sistema/mundo que nos invita a “que seamos capaces de acostumbrarnos al espectáculo de la crueldad en un sentido muy preciso: que naturalicemos la expropiación de vida, la predación, es decir, que no tengamos receptores para el acto comunicativo de quien es capturado (capturada) por el proceso de consumición”. Porque la lucha es por nuestras vidas, por la construcción de otras pedagogías, del amor, de la ternura, de la solidaridad y de la comunidad.