Patricia, Julieta y la Embajada de Bolivia. Crónica de una embajada tomada por un gobierno golpista
Jueves 5/12/2019

La escena transcurre delante de la embajada de Bolivia en Buenos Aires. Es un miércoles a la mañana y no hace frío pero tampoco calor. En un parlante relativamente grande suenan músicas de los más variados ritmos y colores. En un momento, mientras el parlante gritaba “se hace vida con el sol y en la pachamama florece”, Patricia se acerca de Julieta y dice algo cómo ‘que linda canción esa, no? Cinco siglos… es mucho tiempo”.

Patricia es boliviana de La Paz y vive en Buenos Aires hace 17 años mientras Julieta es boliviana de La Paz y vive en Buenos Aires hace 36 años. Las dos son apenas dos de tantas y tantos bolivianes que están delante de la Embajada desde la noche del lunes. Fueron a prestar apoyo y solidaridad a otrxs seis compatriotas que desde esa noche decidieron tomar oficinas de la Embajada e instalar una huelga de hambre. 

Decidieron atar sus bocas pero seguir gritando delante de un golpe más. Porque cómo decía Patricia, cinco siglos es tiempo demasiado grande. Son cinco siglos de explotación, de expropiación, de destierro, cinco siglos de saqueo en el continente nuestroamericano. Y las personas cómo Patricia y Julieta están cansadas, están cansadas que lxs de arriba saquen a un presidente democráticamente electo cuando les cante el orto; están cansadas de que asesinen a sus hermanas y hermanos; están cansadas de ver cómo es naturalizado el racismo contra sus compatriotas originaries, campesines, mineres.

Me dice Julieta que desde los 18 años milita. Dice que es una revolucionaria, porque desde temprano peleó junto con las y los mineros de su región por una vida digna. ¿Si puso el cuerpo desde de tan joven, iba a esconderse cuando grande? Jamás. Patricia y Julieta siguen dando batalla, así como todas y todos les que desde el Lunes hacen la vigilia. 

Porque en la vigilia es en donde Patricia y Julieta pueden encontrarse con otras tantas Marias, Rosas, Anas, tantas compatriotas que comparten historias de vida parecidas. 
Es momento de hablar sobre platos de comida que comían y extrañan, sobre el clima que vivían y extrañan, sobre los bailes que bailaban y extrañan; es momento de hablar sobre el extrañamiento, sobre la ausencia, pero sobretodo, de sonreír, de encontrar a sus hermanas y hermanos en la pelea, del mismo lado de la vereda, y de saber que, aunque extrañen, aunque sientan la ausencia, hay algo o alguien que en ese momento, las llena.

Llevan la huella de la migración y entienden que se lucha en donde se pisa. No dejan de pelear por el gobierno que tanto les dio – aunque estén lejos. 
La comunidad boliviana en Buenos Aires votó un 80% a Evo Morales Ayma. 

Desde el Lunes intentan imponer a fuerza un nuevo embajador. ¿Pero qué es una batalla más para esas y esos bolivianas y bolivianos y nuestraamericanas y nuestroamericanos acostumbrades a cinco siglos de pelea? 

En la Embajada la vigilia sigue. Ya se van dos días y tres noches, de huelga adentro y aguante afuera. Hoy, ya con el cuerpo cansado de la jornada, cuando me iba pregunté a Julieta si no venía también. Me miró con una gran sonrisa y dijo que no, que se quedaba porque ahí era su lugar.